Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote
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Ordenaciones sacerdotales en Gricigliano
(Florencia - Italia)
(4 - 11 de Julio de 2007) 


INDICE

PRESENTACIÓN.-                                

De nuevo un nutrido grupo de fieles de la Santa Misa por su forma Extraordinaria o Tradicional ha tenido la oportunidad inigualable de disfrutar de un viaje religioso-cultural de primera magnitud. En esta ocasión los que así pudieron y quisieron se desplazaron a la siempre bella y admirada Italia con motivo de asistir a las ordenaciones sacerdotales que cada año, por estas fechas, se llevan a cabo en el seminario de Gricigliano, sede y casa madre del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote a cuyo fundador y director, el Reverendísimo Mons. Gilles Wach, agradecemos la invitación y magnífica hospitalidad. El seminario se encuentra en la citada pequeña, pero encantadora localidad, ubicada en el corazón de la bellísima Toscana italiana en la que ejercer como foco de marcada espiritualidad casi único en el mundo, donde los que han decidido aceptar la llamada de Nuestro Señor se forman íntegra y exclusivamente como sacerdotes según el rito tradicional, ahora ya denominado “extraordinario” por su Santidad Benedicto XVI en su Motu Propio Summorum Pontificum del pasado 7 de Julio. Y es que en esta ocasión el motivo para estar en Griciliano era doblemente importante: por un lado, asistir a las ordenaciones de los nuevos sacerdotes; por otro, el hecho de que quien los ordenaba era, nada más y nada menos, que Monseñor D. Antonio Cañizares, Cardenal y Primado de España.  

En automóvil, unos, y por avión, otros, el hecho es que los avezados miembros de Deo Gratias, adultos y jóvenes, sin faltar los niños  --bulliciosos siempre--, todos llenos de una ilusión especial, sortearon los avatares del desplazamiento con tesón y grandes dosis de paciencia para obtener la recompensa de arribar, por fin, a Griciliano, donde lo primero que uno recibe es una inyección de paz, calma, tranquilidad y belleza paisajística dignas de encomio. Pero si ya el lugar rebosa espiritualidad y sensación de cercanía a Dios, sus moradores la trasmiten con una sinceridad que emociona. Tanto los profesores y seminaristas  --éstos con una media de edad no superior a los veinte años--, como las adoratrices de Nuestro Señor  --que provisionalmente se hospedan en un ala del seminario a la espera de su propia residencia ahora en obras--, e incluso el personal de servicio, evidencian una alegría y una bondad que puede asegurarse al verlos que disfrutan ya en su interior de un adelanto de ese Cielo que... “ ni ojo vio, ni oído oyó...”, mostrando una entrega hacia los “hermanos-huéspedes” realmente inenarrable. Así, los días de estancia se hicieron deliciosos, cortos, muy cortos, y la despedida insufrible. Algo de cada uno de los asistentes se quedó en Griciliano junto a aquellas personas que, dirigidos por Mons. Wach, dedican sus vidas íntegramente a la mayor gloria de Dios y a la mejor salvación de nuestras y de todas las almas que sea posible. La vuelta a tan sorprendente lugar el año que viene, si Dios quiere, se hace por todo ello no sólo obligada, sino sobre todo necesaria. 

Sobre la ceremonia de ordenación de los nuevos sacerdotes cabría decir tanto que no habría espacio suficiente. Si ya de por sí asistir a una ordenación sacerdotal emociona, al ver cómo una persona entrega de forma definitiva toda sus existencia a Dios, asistir a tan incomparable acto cuando se celebra por el rito extraordinario apabulla, sobrecoge, hace que uno entre en un trance espiritual sin igual y que sienta su pequeñez ante el momento de una solemnidad impactante. La solidez y consistencia doctrinal que emergen de la ceremonia son tan profundas, tan reales, y al tiempo tan cercanas, que uno se siente arrebatar por un mar embravecido de sentimientos de cercanía a Dios y, por Él, al prójimo. 

En esta ocasión, y como ya hemos adelantado, el ordenante de los nuevos sacerdotes fue Mons. Cañizares de quien hay que decir que llevó a cabo la ceremonia con una perfección, soltura y, sobre todo fervor y recogimiento, que realmente dejó a todos extraordinariamente impresionados; y es que hay que recordar que el acto se celebró todo él en latín, como corresponde al rito. Sin duda  --aunque no habría que decirlo pero tampoco está de más--  demostró ser un hombre de piedad y un Primado de España como......Dios manda. Además, tuvo una gentileza especial, que agradecemos de corazón, con los que se desplazaron desde España con los cuales departió un largo rato en privado dándonos la oportunidad única de conocer al hombre, al sacerdote y al Cardenal de cerca, sin barreras, sin protocolo, demostrando su afabilidad y llaneza. 

Y como los actos lo merecían, después de ellos hubo también lugar para lo lúdico, pues no en balde Nuestro Señor quiso, desde la creación del hombre, que dedicara también tiempo al descanso. Aquí hay que dar fe de que la generosidad y hospitalidad de Griciliano quedó patente y a un nivel poco usual pues, aunque escasos de fondos y llevando una vida cuya austeridad se hacía patente en numerosos detalles, comenzando por el propio Mons. Wach, siguiendo por los seminaristas y las adoratrices, y terminando por el pequeño grupo de personas de servicio, todos se lanzaron a una carrera casi frenética por ver quién atendía mejor a los numerosos visitantes  --familiares de los ordenados y seminaristas, autoridades invitadas y amigos--, a todos los cuales se trató con un cariño y una sinceridad que emocionaba; sin olvidar el buen gusto y la exquisitez de lo que nos ofrecieron que fue de tal calidad que mucho nos tememos que haya dado al traste con parte del presupuesto anual del seminario y aun del Instituto, confiando por ello que nos sepan disculpar y lleven con resignación cristiana los seguros esfuerzos que habrán de hacer en los próximos meses para recuperarse de tanta bondad para con todos los asistentes. 

Después de cumplido el objetivo principal del viaje, los los asistentes tuvieron aun unos días para conocer la esplendorosa Florencia, la “inclinada” Pisa y la franciscana Asís, para terminar en Roma, ciudad eterna, asistiendo a la audiencia pública del Santo Padre, última antes del inicio de sus vacaciones, desplegando en la plaza de San Pedro una enorme pancarta de agradecimiento por el ya citado Motu Propio que pone, con serenidad y equidad, al rito extraordinario, tanto tiempo dejado de la mano del Vaticano, en su sitio, en su lugar junto e indisolublemente unido al actual pues son uno sólo, único y verdadero, donde Jesucristo se presenta real y substancialmente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad ofreciéndose a Dios Padre por nuestros pecados y para nuestra salvación. 

Mucho más se podría añadir, pero sería imposible encontrar cuartillas para ello y, además, no habría palabras para describir la cantidad y variedad de emociones, muchas de ellas muy íntimas que tampoco sería posible. Por su puesto que los asistentes tuvieron la gran oprtunidad, gracias a los sacerdotes del Instituto, de rezar y asistir a la Santa Misa diariamente por el rito tradiconal, lo que fue, como cualquiera puede suponer un lujo espiritual de valor incalculable. Les recomendamos que vean algunas de las miles de fotografías realizadas  y, como nosotros, que se hagan la firme promesa de no faltar, Dios mediante, el año que viene a estos actos en un Griciliano sumergido en la paz y la cercanía a Dios que cada día se convierte más en un punto de referencia espiritual y doctrinal en el orbe católico, apostólico y romano.

 

GALERÍA DE FOTOGRAFÍAS

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