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EXCURSIÓN A MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES
(24 de Noviembre de 2007) 

INDICE

PRESENTACIÓN.-             

                El pasado 24 de Noviembre, tal y como estaba previsto, aquellos fieles seguidores de la Santa Misa por su forma Extraordinaria o Tradicional, amigos y simpatizantes que quisieron y pudieron, se desplazaron a Madrigal de las Altas Torres, provincia de Ávila, para pasar un agradabilísimo día de convivencia, apostolado y cultura, pues para todo ello hubo tiempo y lugar.

             Como es sabido tal localidad  --que debe su nombre a que en tiempos llegó a contar con un recinto amurallado de tres kilómetros de diámetro y setenta y dos torres en él-- es la cuna de la siempre recordada Reina Isabel I, la Católica, y, en cierto modo y por ello, cuna también de la Hispanidad, pues la unificación de España, la terminación de la Reconquista, la vuelta a la normalidad después de siglos de dominio musulmán, extranjero y anticatólico, dio fin gracias a los trabajos ímprobos de los Reyes Católicos, así como esa inigualable hazaña del descubrimiento de América por la cual España  --y ninguna otra nación por siempre jamás--  llevó el mensaje salvador del Evangelio, el único verdadero, a ese medio mundo que permanecía sumido en el paganismo más atroz.

             El calendario previsto se desarrolló con gran exactitud. Nada más llegar los excursionsitas visitaron el que fuera palacio de D. Juan II, padre de Isabel la Católica, y por ello casa donde nació la afamada reina, desde hace varios siglos convertido en convento de agustinas, donde una de las hermanas mostró y explicó con una maestría sin par, las estancias más señaladas y los tesoros que allí se guardan. Digno de verse; sólo eso se puede decir. Sorprende ver que en una localidad hoy tan pequeña  --unos 1.500 habitantes--  pueda guardarse tanta historia y tanta riqueza cultural. Nadie puede imaginarse, pues tampoco se le da publicidad, el encanto del lugar, el de esas habitaciones privadas de la que fuera gran reina y que, sin embargo, vivía con una austeridad, sencillez y humildad sólo propia de aquellos católicos que lo eran ante de todo y por encima, muy por encima de sus rangos y honores mundanos. Allí se ve la sala del trono donde se hicieron cortes varias veces; allí la capilla real ampliada por las monjas que posee un retablo excepcional; allí unos cuadros realmente increibles entre los que destaca un San Agustín que abruma por su esplendor. Ninguno de los presentes sabía que allí, en esa pequeña localidad casi perdida en medio de la dura tierra de la más vieja Castilla reposan tales testigos de lo que fuimos.

             Después, y gracias a la gentileza del obispado de Ávila  --a quien agradecemos una vez más sus atenciones--  y del párroco de Madrigal, el Rvdo. P. Dn.Ceferino Jiménez Díaz, se celebró la Santa Misa en la iglesia de Santa María del Castillo, la más antigua, en un marco repleto de religiosidad auspiciado en gran medidad por su belleza. Los excursionistas tuvieron así la oportunidad de adorar a Dios y darle gracias por la posibilidad de disponer del tiempo y de los medios para visitar Madrigal. Con ello cumplían los excursionistas con uno de los objetivos de la Asociación que es el llevar la celebración por la forma extraordinaria o tradicional por esos caminos de España y a cuantos más pueblos mejor.

             Gracias también a la caridad del obispado y de Dn.Ceferino, se comió en los salones parroquiales al calor de unas buenas estufas que entonaron a los participantes pues el frío castellano arreciaba en el exterior. El almuerzo, como viene siendo costumbre, fue en franca armonía, todos con todos, todos compartiendo lo que buenamente cada cual tenía, sin aspavientos, como buenos hermanos, especialmente la alegría de unos y otros, departiendo sobre lo visto y lo por ver, trasmitiendo y enseñando a todos, pero en especial a los más pequeños, que nuestra fe, llevada a la práctica, es un adelanto del cielo.

             Pero el día ni con mucho estaba por terminar. Tras el lógico café vino la sorpresa al visitar la magnífica iglesia de San Nicolás de Bari, una verdadera joya en muchos aspectos. Sorprende ver, de nuevo, que en esta localidad exista tan magistral expresión de arte. De verdad es una pena que no se le dé más publicidad. Posee esta iglesia un retablo extraordianrio, varios enterramientos de una belleza y pulcritud dignos de no perdérselos y un artesonado en sus techos que, según informó la amable y documentada guía, son únicos en toda España, lo que es lo mismo que decir en el mundo entero.

              Y después de tanta alegría y esplendor aun tuvieron los excursionistas tiempo de acercarse a las, por desgracia, ruinas de lo que fue gran convento de agustinos, llamado en su día "el segundo Escorial", donde murió el insigne Fray Luis de León, que sin embargo está semiderruido pues fue uno de esos que la inquina liberal del siglo XIX, y en concreto aquella injusta desamortización de Mendizabal, regaló, tras expoliarlo a la Iglesia, a un particular que, como no podía ser menos, se quedó con las tierras y del convento se olvidó.

              La vuelta a Madrid, como siempre, tuvo ese amargo sabor de lo bueno que termina; pero al tiempo la ilusión de repetir este tipo de salidas e incluso hacerlas con mayor asiduidad pues se pasa un día lleno de cultura de verdad, de historia y se conoce lo que nunca se supo ni sospechó y, sobre todo, se habla de Dios, se comparte con los hermanos y se siente y hace uno mejor.

 

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