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Primera
Misa en la Iglesia Como ya todos los seguidores de la Santa Misa según su
forma extraordinaria saben, hoy 21 de Octubre de 2007 se celebró, a las 11:00
hrs., tal y como estaba previsto, la primera Santa Misa
--Misa por ello solemne e inaugural-- en el nuevo emplazamiento designado
por su Eminencia el Cardenal Rouco en la capital de España para celebrar según
tal forma de manera habitual, terminando así la etapa de cerca de tres años de
duración en los cuales se celebrara en la parroquia de San Luis de los
Franceses, iniciándose una nueva llena de ilusión y esperanza. Y como no podía
menos de suceder, la ocasión estuvo revestida de todos los elementos precisos
en este tipo de acontecimientos que hicieron de esta primera Santa Misa un
evento de primera magnitud tanto desde el punto de vista religioso
--el fundamental--, como cultural. De la iglesia del Tercer Monasterio de la
Visitación,
sita en el Pº de San Francisco de Sales, 48, cabe decir que es una maravilla,
una preciosidad, un lugar de culto de primer orden, una iglesia que rezuma
espiritualidad por sus cuatro costados. Recién remozada en este año al
cumplirse su centenario --obras
ingentes realizadas por la orden de la Visitación con cuantioso esfuerzo económico
para resarcirse del cual precisan ayuda con urgencia--
ha recuperado su luminosidad y frescura original y aun más, al tiempo
que su solemnidad. El retablo del altar mayor, del siglo XVI, de un dorado
intenso, resplandece con un fulgor especial. Los cuadros y ornamentos laterales,
en uno de ellos destacando las siete visitadinas asesinadas en Noviembre de 1936
y ya beatificadas, producen un efecto de intimidad espiritual digno de
contemplarse. Así pues, y por no alargar, puede afirmarse que el lugar es ideal
para dar si cabe aun mayor prestancia a la forma extraordinaria del rito romano. Los fieles, fieles de verdad, mayoritariamente jóvenes,
lo que es un detalle a tener en cuenta, acudieron en número tal que colapsaron
la capacidad de la iglesia. Por ello la alegría que nos embarga es especial. No
cabía un alfiler, como suele decirse; y es que es verdad. El aforo de 150
personas que posee el templo se superó con creces alcanzando más del doble,
nada pues mejor este detalle para poder asegurar, con humildad, que la forma
extraordinaria del rito romano goza de una salud envidiable y promete extenderse
con firmeza, sin aspavientos, como ha de ser, pero sin dar ya un paso atrás,
sobre la base de fieles de verdad, de católicos de pro --comulgó el
noventa por ciento de los asistentes--, de gentes necesitadas
de fe sincera, recia, sin ambigüedades ni condescendencias, de esos que no
vienen a la iglesia por inercia o para ver un espectáculo más o menos
original, sino que esperan encontrar y asistir al sacrificio verdadero, real y
substancial de Nuestro Señor Jesucristo que en el altar se ofrece, a partir de
ahora también en esta iglesia, por nuestros pecados y para procurar nuestra
salvación. Gracias pues a todos los que de verdad han llenado con su fervor
esta iglesia en este día tan significativo. La ceremonia estuvo acompañada, además, por los cantos
gregorianos del cuarteto de voces y órgano dirigido por Ana María Leoz
--soprano y organista habitual desde hace años en la Santa Misa según
esta forma--, acompañada por Carmen Sinovas
--mezzo/soprano--, Juan Porras --tenor--
y Carmelo Cordón --bajo--,
que con un programa digno de tan grande ocasión alabaron al Señor con el don
que Él mismos les regaló, pues sus magníficas voces, sus increíbles voces,
son sin duda un don de Dios. Las piezas elegidas y la perfección con que fueron
ejecutadas arrancaron en más de una ocasión lágrimas en más de uno llenas de
emoción y sublime inspiración; y si no hubo encendidos aplausos fue porque
todos estaban como había que estar, es decir, pendientes de Dios. Gracias pues
a tan magníficos profesionales no sólo por su arte, sino por el amor que
pusieron en su entonación, todos ellos también católicos de pro pues de otra
forma no se puede, por mucha técnica que se tenga, cantar como los ángeles. El celebrante, el Reverendo Padre D. Raúl Esteban Olazábal
ofició como ya en él es habitual, es decir, como si fuera la primera y la última
vez que lo hace. Quien no ha asistido a una Misa de este sacerdote puede que no
crea o no se imagine que lo que decimos es verdad, por ello les invitamos a
comprobarlo in situ, algo que ahora resultará más fácil porque en esta
iglesia dirá Misa todos los días de la semana a las 08:00 hrs y los Domingos y
fiestas de guardar a las 11:00 hrs. La perfección en la forma, la solemnidad en
los gestos, la pausa, la profundidad que da hasta al más mínimo detalle
traspasa el corazón de los fieles, abruma, sobrecoge, encandila, arrebata; no
es algo normal, se diría que no es de este mundo, incluso hay quien ya piensa
que es sobrenatural. Sólo un hombre de verdadera y profunda piedad, humildad y
fe puede consagrar como él lo hace, y ello sólo gracias a Dios. Con él
adquirió la Santa Misa un halo especial que llenó la iglesia de silencio, de
confianza y de esperanza sin par. Su homilía, que versó sobre el perdón, fue
toda una disertación sobre tan importante y difícil cuestión. Su sermón
poseyó en grado sumo las características que deben adornar al buen predicador
y que hoy son tan difíciles de encontrar: breve, completo, conciso y concreto,
algo que parece fácil y, sin embargo, es tan escaso y difícil de lograr.
Asistido en el confesionario --donde
muchos fieles pudieron obtener el perdón predicado--
y a la hora de repartir la Comunión por el Reverendo Padre D. Marcus
Hünkel,
ambos sacerdotes volvieron a dar la talla y a mostrarnos de forma contundente y
clara lo que es este Instituto, del tipo de formación
que allí se imparte y de la calidad de los hombres consagrados que de allí
salen cada año y se dispersan por los cuatro continentes guardando sin embargo
siempre una unidad doctrinal exacta, imagen perfecta de la doctrina única y
secular de nuestra Santa Madre la Iglesia. Qué más se puede decir del 21 de Octubre de 2007. Qué
más de un día que fue especial y cuyo recuerdo queda ya imborrable en el corazón
y en el alma de todos los que tuvieron el privilegio de poder y querer asistir
directamente a lo en él sucedido. Podemos añadir el éxito que tuvieron los “misalitos”
de la Asociación dispuestos en los bancos para facilitar el seguimiento de la
Santa Misa y que, en edición especial, fueron alabados por todos, adquiriéndose
la mayoría hasta casi agotar la tirada que se realizó para esta ocasión.
Podemos alabar al equipo de monaguillos que con una eficacia sin igual
asistieron al celebrante y con tan humilde pero fundamental labor colaboraron en
dar aun mayor gloria a Dios. Podríamos dar las gracias por su acogida sincera y
piadosa a las madres visitadinas por su hospitalidad. Podemos también volver a
expresar nuestro agradecimiento a Monseñor Rouco y al Obispo Auxiliar, D. Fidel
Herráez. Pero todo eso ya lo hemos hecho en otras ocasiones y todos saben que
lo hacemos de corazón. Por eso preferimos una y mil veces dar gracias a Dios
por todo ello y por este regalo incomparable, por esta inmejorable inauguración
de lo que esperamos sea una andadura larga, plácida, desde luego no exenta de
guijarros pues la vida es así y siempre hay una cruz con la que cargar
--recordando que de todas formas suave es Su yugo y ligera Su
carga--, y fructífera, muy fructífera para Su mayor gloria y la salvación de
cuantas más almas mejor. Por eso, como pequeño botón de muestra de que todo lo aquí dicho es lo que sucedió, preferimos que sean las imágenes, más que nuestras palabras, las que hablen por sí mismas, aun a pesar de que somos conscientes de que no son capaces de trasmitir todo lo que allí ocurrió. |
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