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DOCTRINA
CATÓLICA
De la Redención
Preludios de la Pasión: Conspiración contra el
Salvador - Celebración de la
Pascua - Institución de la Sagrada
Eucaristía - Discurso de Jesús después
de la Cena
La
Pasión: La agonía de Jesús en
Getsemaní - El prendimiento -
Jesús
en casa de Anás y Caifás – Jesús
delante de Pilatos y Herodes -
La
Flagelación y coronación de espinas – Condenación de Jesús - Sube
Jesús al Calvario - Las siete palabras
de Jesús en la cruz - Muerte y sepultura
de Jesús – Reliquias de la Pasión
- Suerte de los culpables
Misterio
de la Redención: Naturaleza
de este misterio - Necesidad de la
Redención – Cualidades de la
satisfacción de Jesucristo - Virtudes
del sacrificio del Calvario - Méritos
de Jesucristo - Aplicación
de
los frutos de la Redención
Resumen
Preludios
de la Pasión:
Conspiración contra el Salvador
¿Cuál es el objeto del cuarto artículo
del Símbolo? El
objeto del cuarto artículo del Símbolo es la redención del género
humano por la dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
¿Qué cosas deben saberse tocante a la
Redención? Dos
principalmente: la historia y el misterio.
¿Qué efecto produjeron en el ánimo de
los fariseos las predicaciones de Jesucristo?
Heridos
en su orgullo, los fariseos resolvieron dar muerte a Jesucristo.
¿Con qué ocasión llegaron a tal
extremo? Con ocasión de la resurrección de Lázaro.
Muchos Judíos, testigos de este milagro, creyeron en Jesús;
entonces los pontífices y los fariseos se reunieron en
consejo y en conformidad con el parecer de Caifás, decretaron
la muerte del Señor. “Entonces los pontífices y
fariseos juntaron consejo, y dijeron.. ¿Qué hacemos? este
hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán
en él; y vendrán los Romanos, y arruinarán nuestra ciudad y
la nación. En esto, uno de ellos, llamado Caifás, que era el
sumo pontífice de aquel año, les dijo.. Vosotros no entendéis
nada en esto, ni reflexionáis que os conviene el que muera un
solo hombre por el bien del pueblo, y no perezca toda la nación”
(Juan XI, 47-50).
¿Cuándo pensaban ejecutar esta
sentencia de muerte?
Después de la fiesta de Pascua; pues temían que se
sublevasen los Galileas que en gran número concurrían a
aquella solemnidad (Mat.,
XXVI, 3-5).
¿Cómo se anticipó la ejecución de sus
designios? Por
la propuesta que poco después les hizo Judas de entregarles a
Jesús.
¿De qué modo el consejo de Caifás y la
propuesta de Judas entraban en los designios de la
Providencia? El
sumo sacerdote ofrecía cada año el sacrificio de expiación
por el pecado. Fue, pues, Caifás, pontífice de aquel año,
quien designó e inmoló, en alguna manera, la víctima divina
que debía satisfacer por los pecados de todo el mundo. Con su
consejo fue, sin saberlo el instrumento de Dios; Judas, con su
oferta, hizo que el divino Cordero fuese inmolado en el día
fijado por la ley.
¿En qué circunstancias concibió Judas
su inicua resolución?
En Betania, cuando María Magdalena derramó, en casa de Simón
el Leproso, un perfume de gran precio sobre los pies del
Salvador. “¿Por
qué, dijo Judas, no se ha vendido este licor en trescientos
denarios de plata para darlos a los pobres?” (Juan
XII, 5).
¿Era en verdad el cuidado de los pobres
lo que hacía hablar así a Judas?
No: “esto dijo, no
porque él pasase algún cuidado por los pobres; sino porque
era ladrón ratero, y teniendo la bolsa, llevaba o defraudaba
el dinero que se echaba en ella” (Juan
XII, 6).
¿Con qué palabras alabó Jesús la acción
de la Magdalena?
“Jesús respondió: Dejadla que lo emplee
para honrar de antemano mi sepultura. En verdad os digo, que
doquiera se predique este evangelio se celebrará también en
memoria suya lo que acaba de hacer” (Mat.,
XXVI, 18).
¿Qué hizo Jesús al otro día de cenar
en casa de Simón? Entró
triunfante en Jerusalén, según lo habían predicho los profetas
Isaías (Isaías
LXII, 11)
y Zacarías (Zac.,
IX, 9). “Mira
que tu Rey vendrá a ti justo y salvador; él vendrá pobre y
sentado sobre una asna, y sobre un pollino hijo de asna”.
¿Por qué quiso el Salvador hacer esta
entrada triunfal en Jerusalén?
Para
mostrar a sus discípulos que era verdaderamente rey de Israel
y que comenzaba su reinado de mansedumbre y de humildad,
figurado por este modesto aparato con que entró en Jerusalén.
¿Qué significaban el asna del pollino?
El asna, que había servido ya de cabalgadura, significaba la Sinagoga,
que ha llevado a los profetas, cuyos escritos guarda todavía.
El pollino, en el cual nadie había cabalgado aún,
significaba la Iglesia, que no llevará jamás sino a
Jesucristo con su Evangelio, en el que se ven cumplidas las
profecías.
¿Cómo fue aclamado Jesús al entrar en
Jerusalén? Jesús
fue aclamado por el Mesías. La gente del pueblo que en gran número
le precedía y seguía, extendía sus vestidos por el suelo, y
arrancando ramas de los árboles, las esparcía gritando: “Hosanna
al Hijo de David” (Mat., XXI, 9)
-
“Bendito sea
el reino de nuestro padre
David que vemos llegar ahora
en la persona de su hijo” (Marc.,
XI, 10) –
“Bendito sea el que viene en
nombre del Señor, el rey de Israel” (Juan
XII,13).
¿Cuál fue la actitud de los fariseos?
Se indignaron sobremanera y algunos
dijeron a Jesús: “Maestro,
reprende a tus discípulos; mas Él les contestó: En verdad
os digo, que si éstos callan, las mismas piedras darán
voces” (Luc.,
XIX, 39-40). Era
preciso que quedase probado que Jesús fue condenado a muerte
por ser el Mesías.
¿Con qué sentimientos hizo Jesús esta
entrada triunfal? Con
sentimientos de tristeza y dolor, pues veía los espantosos
males que pronto caerían sobre aquella ciudad culpable. “Al
llegar cerca de Jerusalén, poniéndose a mirar esta ciudad,
derramó lágrimas sobre ella, diciendo.. ¡Ah, si conocieses
también tú, por lo menos en este día que se te ha dado, lo
que puede atraerte la paz o felicidad mas ahora está todo
ello oculto a tus ojos. La lástima es que vendrán unos días
sobre ti, en que tus enemigos te circunvalarán, y te rodearán
de contramuro, y te estrecharán por todas partes, y te
arrasarán, con los hijos tuyos, que tendrás encerrados
dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por
cuanto has desconocido el tiempo en que Dios te ha visitado”
(Luc., XIX, 41-44).
¿Adónde se dirigió Jesús
inmediatamente? Al Templo, del cual arrojó por segunda vez a los vendedores, curando
allí a los ciegos y cojos que se le acercaron.
¿Esta visita de Jesús al Templo tenía
algún significado especial?
Sí,
porque como en este día se hacía la elección de los
corderos que se habían de inmolar en la Pascua, el mismo Jesús
se presentó a su Padre celestial como víctima por nuestros
pecados.
¿Cómo se previno Jesús contra la
malicia de sus enemigos?
Durante
el día, Jesucristo enseñaba en el Templo confundiendo a los
escribas, fariseos y saduceos; y por la tarde, se retiraba a
Betania, a casa de Lázaro, distante media hora de Jerusalén.
¿Por qué se iba Jesús todas las tardes
a Betania? Para
evitar que le dieran muerte antes de que fuese llegada su
hora.
¿Qué anunció a sus Apóstoles el martes
por la tarde, al volver a Betania?
Les
anunció1a próxima destrucción del Templo, la ruina de los
Judíos, su segunda venida para el Juicio final y su muerte de
cruz dos días después.
¿Dónde pasó el miércoles?
Lo
pasó en Betania en el silencio y la oración; en celestiales
coloquios con los Apóstoles, con las santas mujeres que se
consagraban a su servicio y con su bienaventurada Madre.
¿Qué hizo Judas el mismo día?
Puso en ejecución el sacrílego proyecto que su avaricia le había
sugerido, y fue a verse con los príncipes de los sacerdotes y
los magistrados para tratar de la entrega de Jesús. “¿Qué
queréis darme, les dijo, y yo le pondré en vuestras manos?
Ellos se holgaron y se convinieron con él en treinta monedas a
de plata” (Mat.,
XXVI, 15 y Luc., XXII, 5). ^
Celebración
de la Pascua
¿Qué Apóstoles fueron mandados a
Jerusalén, la mañana del jueves, a preparar la
Pascua? Pedro
y Juan: “Id,
les dijo Jesús, a prepararnos lo necesario para
celebrar la Pascua”. Dijeron ellos: “¿Dónde quieres que lo
dispongamos?”. Respondióles: “Así que entraréis en la
ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua:
seguidle hasta la casa en que entre, y diréis al padre de
familia de ella: el Maestro te envía a decir: ¿Dónde está
la pieza en que yo he de comer el cordero pascual con mis discípulos?
Y él os ensel1ará, en lo alto de la casa, una sala grande
bien aderezada: preparad allí lo necesario”. Idos que
fueron, lo hallaron
todo como les había dicho, y dispusieron la Pascua” (Luc.,
XXII, 8-13).
¿Por qué no mandó el Salvador a Judas,
que estaba encargado de los gastos? Porque
no quería que sus enemigos, introducidos por el traidor en la
pieza donde se celebraba la Pascua, viniesen a turbar esta última
cena en la que iban a cumplirse tantas maravillas.
¿Qué precaución tomó Jesús para ir al
Cenáculo? Jesús
no fue al Cenáculo hasta el anochecer, para que no lo vieran.
¿Cómo se celebraba la Pascua?
Cada familia inmolaba un cordero sin mancha, de un año, lo asaban y comían
su carne con panes ázimos y lechugas amargas, ceñidos los riñones,
calzados los pies, con un báculo en la mano y en actitud de caminantes (Éxodo XII).
¿Qué disputa tuvieron los Apóstoles
durante la Cena? Después
que Nuestro Señor, según costumbre, hubo señalado su puesto
a los convidados, discutieron sobre quién de ellos era el
mayor.
¿Qué lección les dio Jesús?
Una
lección de humildad. “Mas
Jesús les dijo: Los reyes de las naciones las tratan con
imperio; y los que tienen autoridad sobre ellas, son llamados
bienhechores. No habéis de ser así vosotros, antes bien el
mayor de entre vosotros, pórtese como el menor: y el que
tiene la precedencia, como sirviente. Porque ¿quién es
mayor, el que está comiendo a la mesa, o el que sirve? ¿no
es claro que quién esta a la mesa? No obstante, yo estay en
medio de vosotros como un sirviente” (Luc.,
XXII, 25-27).
¿Con qué admirable ejemplo acompañó
Jesús esta enseñanza? Levantóse
de la cena, tomó una toalla y se la ciñó, puso agua en un
lebrillo y haciendo oficio de esclavo, lavó los pies a sus Apóstoles,
y aun al mismo Judas, de cuyo corazón se había apoderado
Satanás (Juan XIII,
1-17).
Además de la humildad ¿qué otras
virtudes enseñó el Salvador en el lavatorio de los pies?
1º
La pureza. “El que acaba de lavarse, dijo Jesús a Pedro,
no necesita lavarse más que los pies” (Juan
XIII, 10). Después
del saludable baño del sacramento de la Penitencia, para
participar de la Santísima Eucaristía, sólo hay que
purificarse, con el amor y la oración, de las faltas veniales
que pueden manchar el corazón. 2º La caridad fraterna. Antes
de recibir la Santa Comunión, prenda infinita del amor de
nuestro Dios, ¿no es justo prestar a nuestros hermanos todos
los servicios que reclama una cordial caridad?
Durante la Cena ¿qué conducta observó
Jesús con Judas? 1º
Para hacerle volver en sí, le recordó con una discreta alusión
la profecía de David: “Uno
que come el pan conmigo, levantará contra mí su calcañar”
(Juan XIII, 18).
2° Le dio a conocer su traición y le predijo las desgracias que entrañaba:
En verdad
os digo que uno
de vosotros me hará traición... pero ¡ay de aquel hombre
por quien el Hijo del hombre será entregado; mejor le fuera al tal si no hubiese nacido. ¿Soy quizá yo, Maestro? Y
respondióle Jesús:
Tú lo has dicho” (Mat.,
XXVI, 21, 24, 25).
Los Apóstoles
turbados como estaban no se
dieron cuenta ni de la pregunta ni de la respuesta. 3º Jesús
dio a conocer a Juan quién era el traidor: “¿Señor
quién es? Es aquel a quien yo
ahora daré pan mojado y habiendo mojado un pedazo de pan, se lo dio a Judas Iscariote. Y después,
que tomó éste el bocado, se apoderó de él Satanás” (Juan
XIII, 25-27). ^
Institución
de la Santísima Eucaristía
Después de la Cena, ¿qué
hizo Jesucristo en testimonio de su inmenso amor
hacia los hombres? Instituyó
la divina Eucaristía: “Sabiendo Jesús que era llegada
la hora de su tránsito de este mundo al Padre, como hubiese
amado a los suyos, que vivían en el mundo, los amó hasta el
fin” (Juan
XIII, 1). Los amó
hasta el fin de su vida mortal, hasta el fin de
los siglos; hasta el fin, es decir, todo lo que pueden
el poder y la bondad de Dios.
¿Cómo instituyó Jesús la Eucaristía?
“Tomando
el pan dio de nuevo gracias, lo partió, y dióselo a
los Apóstoles,
diciendo: Éste
es mi cuerpo, el cual se da por vosotros;
haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz,
después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre que se derramará por nosotros” (Luc., XXII, 19-20).
¿Qué poder confirió Jesucristo a sus Apóstoles
con estas palabras:
Haced esto en memoria
mía? Les
dio el poder de convertir el pan en su cuerpo y el vino en su
sangre, como Él mismo acababa de hacerlo, a fin de que este
cambio misterioso representase y continuase el sacrificio de
la cruz que al día siguiente había de ser ofrecido.
¿Cómo era la cena eucarística,
anticipadamente un verdadero sacrificio?
En
cuanto contenía los tres actos esenciales del sacrificio, a
saber: la ofrenda, la inmolación y la comunión. 1º Jesús
se ofreció a su Padre bajo las especies de pan y vino,
conforme iba pronto a ofrecerse, víctima cruenta, en el
Calvario. 2° Se inmoló místicamente por las palabras
sagradas que separaban el cuerpo de la sangre: “Tomad y
comed, éste es mi cuerpo;
tomad y bebed, ésta es mi sangre” (Mat.,
XXVI, 26, 28).
3° Dándose en alimento a sus Apóstoles, les hacía participar de la víctima
del sacrificio,
¿Por qué se inmoló el Salvador místicamente
en el Cenáculo antes de inmolarse realmente en la cruz? 1° Para atestiguar que su inmolación
era libre y espontánea; 2° para inaugurar el sacrificio
eucarístico; 3° para enseñar a sus ministros, con su
ejemplo, con qué religiosidad deben prepararse a él,
ofrecerlo y dar gracias.
¿Cómo terminaron la celebración de este
santo misterio Jesucristo y sus Apóstoles?
Rezando
el himno de acción de gracias. ^
Discurso
de Jesús después de la Cena
¿De qué fue seguida la institución de la Eucaristía?
Del
admirable sermón de Jesús a sus discípulos.
¿De cuántas partes consta el discurso de
la Cena? De
dos: la primera contiene las instrucciones de Jesús a sus
discípulos en el Cenáculo; la segunda, las instrucciones que
les dio yendo del Cenáculo al huerto de los Olivos.
¿Qué enseñanzas contiene la primera
parte? 1°
El Salvador da en ella a sus Apóstoles el precepto de la
caridad fraterna. “Un nuevo mandamiento os doy, y es que os améis unos
a otros; y que del
modo que yo os he amado a vosotros, así también os
améis recíprocamente” (Juan XIII, 34). 2º
Predice la negación de San Pedro y la dispersión de los Apóstoles.
“En verdad, en verdad
te digo: No cantará
el gallo sin que me hayas negado
tres veces” (Juan
XIII, 38) -
“Todos vosotros padeceréis escándalo por ocasión de mí esta
noche y me abandonaréis” (Mat.,
XXVI, 31). 3°
Les dio a conocer la íntima unión del Padre y del Hijo.
“¿Cómo
no creéis que estoy, en el Padre, y que el Padre está en mi? Creedlo
a lo menos por las obras que yo hago” (Juan
XIV, 11-12). 4º Les
reveló la unión de las tres personas divinas con el alma cristiana.
(Juan XIV, 20-26).
¿Qué enseñanzas contiene la segunda
parte? 1° Con la alegoría
de la viña, Jesús hizo comprender a los Apóstoles
en qué consiste la vida cristiana.
“Yo
soy la vid, vosotros los sarmientos: quien está unido, pues,
conmigo, y yo con él, ése da mucho fruto; porque sin mí
nada podéis hacer” (Juan
XV, 5). 2°
Les enseñó los principales frutos de esa vida sobrenatural:
El primero es el amor de Dios hacia el alma y del alma hacia
Dios. “Al
modo que mi Padre me amó, así os he amado yo. Perseverad en
mi amor. Si observareis mis preceptos, perseveraréis en mi
amor; así como yo también he guardado los preceptos de mi
Padre, y persevero en su amor” (Juan
XV, 9-10).
El segundo es el amor al prójimo. “El precepto mío es
que os améis unos a otros, como yo os he amado
a vosotros” (Juan XV,
12). 3°
Les predijo que estarían expuestos alodio del mundo. “Si
el mundo os aborrece, sabed que primero que a vosotros me
aborreció a mí... Si me han perseguido a mí, también os
han de perseguir a vosotros” (Juan
XV, 18-20). 4º
Les dio a conocer, la misión del Espíritu Santo. “Cuando
venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las
verdades” (Juan
XVI, 13). 5° Los
consoló y alentó. “Volveré a visitaros, y vuestro
corazón se bañará en gozo, y nadie os quitará vuestro
gozo” (Juan XVI, 22).
¿Cómo terminó Jesucristo el sermón de
la Cena? Alzando
los ojos al cielo, hizo una admirable oración (Juan XVII),
en que pidió a su Padre tres cosas principalmente: para sí,
la gloria que le es debida; para los Apóstoles, la preservación
del mal, es decir, del pecado, y la santificación en la
verdad; para todos sus hijos, la gracia de la caridad
fraterna, y una íntima unión, que sea entre ellos como la
prolongación de la misma vida divina. ^
La
Pasión
La agonía en Getsemaní
¿En qué lugar principió la dolorosísima
Pasión de Jesucristo? En
el huerto de Getsemaní, o de los Olivos, lugar muy conocido
de Judas, el traidor. Adán, desobediente al mandato de Dios,
causó en un jardín la ruina del género humano; en un jardín
el nuevo Adán lo rescató con la triple protesta de
obediencia a su Padre. Llegado al huerto ¿qué hizo Jesús? 1º Invitó a todos sus discípulos a orar. “Orad para que no caigáis
en tentación” (Luc.,
XXII, 40). 2º
Se adelantó
algunos pasos con Pedro, Santiago y Juan, que quiso fueran
testigos de su agonía.
¿Qué dijo Jesús a estos tres discípulos?
“Mi
alma siente angustias morales: aguardad aquí, y velad
conmigo” (Mat., XXVI,
38). Y apartándose de ellos a la distancia
de un tiro de piedra, hincadas las rodillas, hacía oración,
diciendo: “Padre
mío, si es de tu agrado, aleja de mí este cáliz. No
obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc.,
XXII, 41, 43).
¿Correspondieron los Apóstoles a los
deseos de Jesús? No:
oprimidos por el tedio, y abrumados por la tristeza, se
abandonaron al sueño. “Y esperé que alguno se
entristeciese conmigo, y no lo hubo: y que alguno me consolase, y no lo hallé” (Salmo
LXVIII, 21).
¿Qué hizo Jesús para excitarlos a velar
y orar? Tornó tres
veces a exhortarlos a todos, y en particular a Pedro. “Volvió
después a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a
Pedro: ¿Es posible que no hayáis podido velar una hora
conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación” (Mat.,
XXVI, 40-41).
¿Qué hacía Jesús mientras los Apóstoles
dormían? Vuelto,
hacia su Padre, le dirigía esta plegaria: “Padre mío,
si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu
voluntad” (Mat., XXVI,
43).
¿Qué cáliz era éste que causaba horror
al Salvador? Era
sobre todo la repugnante hez de todas las iniquidades.
¿Por qué debía beber este cáliz?
Porque se había ofrecido por víctima de
nuestro rescate. “Dios por amor de nosotros ha tratado a
aquel que no conocía al pecado, como si hubiese sido el
pecado mismo, con el fin de que nosotros viniésemos a ser con
él justos con la justicia de Dios” (II
Cor., V, 21).
¿A quién envió Dios en socorro de Jesús?
A un ángel que lo confortó (Luc.,
XXII, 43).
¿Fue grande el dolor que experimentó? Fue tal que entró en agonía, y
“vínole un sudor como de gotas de sangre, que
chorreaba hasta el suelo” (Luc.,
XXII, 44).
¿Qué hizo Jesús después de su oración?
Volvió a sus Apóstoles, y les dijo:
“Levantaos de aquí, y vamos, que ya el traidor
está cerca” (Marc.,
XIV, 42).
¿Quiénes acompañaban a Judas?
Algunos soldados romanos y siervos mandados por los pontífices,
los fariseos, los escribas y los ancianos, provistos de linternas,
hachas y armas, a los cuales se juntó una turba de gente
armada con espadas y con palos.
¿Qué señal había dado Judas para
conocer a Jesús? Les
había dicho: “A quien yo besare, él es, prendedle, y
conducidle con cautela” (Marc.,
XIV, 44).
¿Por qué les dijo Judas que lo llevasen
con cautela? Porque
sabía que su Maestro se había ocultado ya varias veces a
sus furiosos enemigos, y no quería que Jesús escapase de sus
manos, antes de recibir el precio de la traición. ^
Prendimiento
de Jesús
¿Cómo se llegó Judas al Señor?
Con apariencias de amistad: “Maestro
mío, le dijo, Dios te guarde,
y lo besó” (Marc.,
XIV, 45).
¿Cómo acogió Jesús a aquel pérfido?
Con divina benignidad, diciéndole:
“¡Oh amigo! ¿a
qué has venido
aquí?” (Mat., XXVI,
50) ¡Oh Judas! ¿con un
beso entregas al Hijo del hombre?” (Luc.,
XXII, 48).
¿En
el momento de su prendimiento cómo mostró Jesús que era señor
de los hombres y de las cosas?
1° Haciendo, con sola su palabra, retroceder y caer en tierra a los que
venían para prenderlo; 2º curando a un siervo del sumo
sacerdote, Maleo, a quien Pedro, tirando de la espada, cortó
la oreja; 3° no permitiendo fuesen presos sus Apóstoles; 4°
dando a entender a sus enemigos que no tenían sobre Él más potestad
que la que quería darles (Juan
XVIII, 6-10 y Mat., XXVI, 51-55).
“Todos los días estaba entre vosotros enseñando en el
templo, y no me prendisteis. He aquí vuestra hora y el poder
de las tinieblas. Pero es necesario que se cumplan las
Escrituras” (Marc.,
XIV, 49; Luc., XXII, 53 y Mat., XXVI, 56).
¿Qué hicieron los Apóstoles cuando
vieron maniatado a Jesús?
Todos
huyeron, pero Pedro volviendo atrás, siguió a lo lejos al Señor,
hasta el atrio del príncipe de los sacerdotes, con otro discípulo,
que probablemente era Juan. ^
Jesús
en casa de Anás y Caifás
¿Adónde llevaron primeramente a Jesús?
Jesús fue llevado primero a casa de Anás, suegro de Caifás, que había
sido también sumo sacerdote, hombre astuto y alma de la
conspiración.
¿Por qué fue nevado Jesucristo a casa de
Anás? Para
satisfacer el orgullo de este pontífice rencoroso, y darle
ocasión para arrancar de boca del divino Maestro un
testimonio que permitiese al Sanedrín pronunciar la sentencia
capital.
¿Sobre qué interrogó Anás a Jesús? Sobre sus discípulos y
doctrina.
¿Qué le respondió Jesús?
Respondióle
que habiendo hablado públicamente a la gente, debía
preguntar a los que le habían oído. “Yo he predicado públicamente
delante de todo el mundo... ¿Qué me preguntas a mí?
Pregunta a los que han oído lo que yo les he enseñado” (Juan.,
XVIII, 20-21).
¿Qué significaba esta respuesta
indirecta de Jesús?
Que no reconocía
competente a este pontífice, pues no tenía derecho de
interrogarle jurídicamente.
¿Qué ultraje se hizo entonces a Jesús?
Uno de los ministros del Templo le dio una bofetada, diciendo: “¿Así respondes tú al pontífice?” (Juan
XVIII, 22).
¿Qué respondió el mansísimo Jesús?
“Si
yo he hablado mal, manifiesta lo malo que he dicho; pero si
bien, ¿por qué me hieres?” (Juan
XVIII, 23).
¿A qué tribunal envió Anás a Jesús? Anás hizo que llevasen a Jesús, maniatado como malhechor peligroso, al
sumo pontífice Caifás, su yerno, a fin de ser presentado
ante el Sanedrín.
¿Quién presidía entonces el Sanedrín?
El sumo sacerdote Caifás, de la secta de los saduceos.
¿Por qué los enemigos de Jesús le
hicieron comparecer ante el Sanedrín?
Porque
querían, para ocultar su odio inicuo, hacerle condenar como
violador de la ley.
¿Cómo empezó el proceso?
Con
la deposición de multitud de testigos que los mismos jueces
habían sobornado, Pero Dios permitió, para confusión de los
fariseos, que no estuvieran acordes en sus testimonios.
¿Qué contradicción se nota en sus
testimonios? Según
uno, Jesús había dicho: “Puedo destruir el templo de Dios
y reedificarlo en tres días”.
Según otro, Jesús había dicho: “Destruiré este templo
que ha sido hecho por mano de hombre, y en tres días
reedificaré otro que no será fabricado por mano de
hombres” (Mat., XXVI,
61 y Marc., XIV, 58). Además
de esas discrepancias, los testigos no referían tal cual Él
la había hecho la profecía de Jesucristo. Había dicho
hablando de su cuerpo, verdadero templo de la divinidad: “Destruid,
este templo y lo levantaré en tres días” (Juan
II, 19).
¿Qué delito constituían las palabras de
los falsos testigos? Una
blasfemia contra el Templo, digna de ser castigada con la
muerte.
¿Se convenció Caifás por estos
testimonios de que Jesús era blasfemo?
De
ningún modo, porque sabía que Jesús había querido hablar
de su resurrección, puesto que al siguiente día mandó
avisar a Pilatos que el crucificado había dicho en vida: “Después
de tres días resucitaré”.
¿Respondió Jesús a estas acusaciones?
Aunque invitado por Caifás a
justificarse, Jesús guardó silencio, como el cordero que se
deja esquilar sin quejarse (Is.,
LIII, 7). Además
era inútil responder a acusaciones que se destruían por sí
mismas.
¿Qué hizo entonces Caifás para obligar
a Jesús a hablar? Le
dijo: “Yo te conjuro de parte de Dios vivo, que nos digas
si tú eres el Cristo, el hijo de Dios” (Mat.,
XXVI, 63).
¿Cuál era el fin de esta intimación?
Provocar una sentencia de muerte. Jesús se había declarado el hijo de
Dios. Si negaba que era hijo de Dios, se le condenaba por
impostor; si afirmaba, se le condenaba por blasfemo.
¿Qué respondió Jesús? Jesús
afirmó su divinidad, y enseñó además a sus enemigos que,
siendo hijo de Dios, se había hecho hijo del hombre. “Yo
soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la
majestad de Dios; y venir sobre las nubes del cielo” (Marc.,
XIV, 62).
¿Por
qué no guardó silencio Jesús sabiendo que la afirmación de
su divinidad le había de costar la vida?
Jesucristo quiso responder a Caifás: 1° para enseñarnos a profesar
sin rebozo nuestra fe y sin temor a las persecuciones; 2°
para darnos ejemplo de respeto a la autoridad; porque aun
cuando la ley fuese violada contra Él, quiso observar sus
prescripciones, respondiendo a una interrogación que el
supremo representante de la autoridad religiosa tenía derecho
a hacer.
¿Qué conclusión sacó Caifás de la
declaración de Jesús? Fingiéndose
irritado, desgarró sus vestiduras en señal de horror,
diciendo: “Blasfemado
ha. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? vosotros mismos
acabáis de oír la blasfemia; ¿qué os parece? A lo que
respondieron: Reo es de muerte” (Mat.,
XXVI, 65, 66).
¿Cómo fue tratado Jesús después de
esta sentencia? Jesús
fue entregado hasta la mañana a la brutalidad de la
soldadesca y de los criados. Le escupían en la cara, le
insultaban y le
herían; le vendaban los ojos y le daban de
bofetadas
diciendo: “Cristo, profetízanos, ¿quién es el que te
ha herido?” (Mat.,
XXVI, 58).
¿Cuál fue la mayor pena que experimentó
el Salvador? La
triple negación de San Pedro. El apóstol había seguido a su
divino Maestro hasta el atrio del pontífice para conocer la
decisión del Sanedrín. Una criada, acercándosele, le dijo: “También
tú andabas con Jesús el Galileo. Pero él lo negó en
presencia de todos, diciendo: Yo no sé de quién me hablas. Y
saliendo él al pórtico, lo miró otra criada, y dijo a los
que allí estaban: Éste también se hallaba con Jesús
Nazareno. Y negó segunda vez, afirmando con juramento: No
conozco a tal hombre. Poco después se acercaron los
circunstantes y dijeron a Pedro: Seguramente eres tú también
de ellos: porque tu misma habla te distingue. Entonces empezó
a echarse sobre sí imprecaciones y a jurar que no había
conocido a tal hombre. Y al momento cantó el gallo” (Mat.,
XXVI, 69-74).
¿Qué hizo Jesús para convertir a su
infiel apóstol? “Volviéndose
el Señor dio una mirada a Pedro y Pedro se acordó de la
palabra que el Señor le había dicho: Antes que cante el
gallo, tres veces me negarás. Y habiéndose salido afuera
lloró amargamente” (Luc.,
XXII, 61, 62).
¿Por qué fue llevado segunda vez
Jesucristo delante del Sanedrín?
Porque
la sesión nocturna era ilegal, los miembros del gran consejo
pisoteaban la justicia, pero aparentaban respetar la
legalidad.
¿Qué se hizo en esa sesión?
Se
volvió a preguntar a Jesús si era el Cristo, hijo de Dios.
Respondió: “Lo soy, como vosotros decís” (Luc.,
XXII, 79). Entonces
se confirmó la sentencia da muerte.
¿Podían los Judíos ejecutar esta
sentencia por sí mismos?
No:
habían perdido todo derecho de vida y muerte, desde que el
cetro salió de Judá; por lo que era necesaria la intervención
del procurador romano, Poncio Pilatos. Por eso condujeron a
Jesús al pretorio.
¿Qué hizo Judas cuando supo que Jesús
habla sido condenado muerte?
“Entonces
Judas, viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho,
restituyó las treinta monedas de plata a los príncipes de
los sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado, pues
he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: ¿A
nosotros qué nos importa, allá te las hayas? Mas él
arrojando el dinero en el Templo, se fue, y echándose un lazo
se ahorcó” (Mat.,
XXVII, 3-5).
¿Por qué devolvió Judas las monedas de
plata? Judas
sólo se proponía en su traición el beneficio que sacó,
pensando que Jesús se libraría de las manos de sus enemigos.
Pero cuando lo vio condenado a muerte, se llenó de vergüenza
y espanto, y no pudo guardar el dinero que le reprochaba su
crimen.
¿Qué arrepentimiento fue el de Judas?
Fue un arrepentimiento puramente humano. Este miserable, habiendo
perdido la fe, no concibió ninguna esperanza de perdón, ni
le conmovió el amor misericordioso que le manifestó Jesús
la misma noche de su traición. “Amó la maldición y le
caerá encima; y pues no quiso la bendición, ésta se retirará
lejos de él”
(Salmo
CVIII, 17).
¿Qué uso hicieron los príncipes de los
sacerdotes del dinero de Judas?
Estos
hipócritas tuvieron escrúpulos de poner este dinero en el
tesoro porque era precio de sangre. Según la predicción del
profeta Zacarías (Zac.,
XI, 13), compraron
el campo de un alfarero para sepultura de los extranjeros;
por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es
campo de sangre (Mat.,
XXVII, 7, 8). ^
Jesús
delante de Pilatos y Herodes
¿Qué hicieron los enemigos de Jesús
para impedir la sublevación del pueblo? Como
sabían que el pueblo de Jerusalén, así como muchos
forasteros, especialmente los Galileos, amaban a Jesús, los
fariseos hostigaron a una multitud hostil, que por la audacia
y la violencia debía impedir cualquier oposición a su
proyecto. Se puede, pues, suponer que esta multitud siguió a
Jesús maniatado desde el palacio de Caifás hasta el pretorio
de Poncio Pilatos, prodigándole injurias, burlas y golpes.
¿Por qué los acusadores de Jesús no
entraron con Él en el pretorio?
Para
no contaminarse y poder comer la Pascua. Si hubiesen entrado
en la casa pagana del gobernador, habrían contraído una
mancha que les vedaba el festín sagrado. En esto, como en
muchos puntos, los fariseos agravaban el yugo de la ley.
¿Cómo
empezó
la acusación? Saliendo
Pilatos del pretorio, preguntó qué acusación traían contra
Jesús. Los fariseos replicaron:
“Si éste no fuera malhechor, no lo hubiéramos
puesto en tus manos”. Esta breve y arrogante respuesta
no sufría discusión ni dilación: hubieran querido la simple
confirmación de su sentencia, seguida de una ejecución
inmediata. El gobernador, poco dispuesto a este papel de
ejecutor, les dijo: “Pues
tomadlo vosotros, y juzgadlo según vuestra ley”. Esta
decisión tampoco les daba derecho para ejecutar la sentencia
de muerte; así que respondieron enseguida:
“A nosotros no nos es permitido matar a nadie”
(Juan XVIII, 29-31).
¿Cómo ordenaba Dios a sus designios la
malignidad de los enemigos de su Hijo?
Jesús
había predicho que moriría en la cruz. Si los fariseos
hubiesen aceptado la proposición de Pilatos, de juzgar a Jesús
según su ley, no habrían podido infligir a su víctima más
que la excomunión o la flagelación, pues no tenían el
derecho de vida y muerte. Al insistir para que Pilatos lo
condenara a muerte, lo que pedían era la crucifixión. Cumplían,
pues, ellos mismos la profecía de Jesucristo.
¿Qué hicieron los acusadores viendo que
Pilatos no quería fallar sobre acusaciones de orden
religioso? Llevaron
la cuestión al terreno político, presentando a Jesús como
enemigo de los romanos, y comenzaron a acusarle diciendo: “A
éste le hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y vedando pagar los
tributos al César, y diciendo que Él es el Cristo o el
ungido rey de Israel” (Luc.,
XXIII, 3).
¿Qué caso hizo Pilatos de tales
acusaciones? Ninguno
de las dos primeras, pues sabía que eran calumnias. En
efecto: cinco días antes, Jesús había respondido públicamente
a sus enemigos que querían sorprenderle: “Dad al César
lo que es del César”.
Pero el título de rey llamó su atención.
¿Qué interrogatorio hizo Pilatos a Jesús? “¿Eres
tú el rey de los Judíos? Respondió Jesús: Mi reino no es
de este mundo. Replicó a esto Pilatos: ¿Con que tú eres
rey? Respondió Jesús: Así es como dices, yo soy rey. Yo
para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar
testimonio de la verdad: todo aquel que pertenece a la verdad,
escucha mi voz. Dícele Pilatos: ¿ Qué es la verdad? y dicho
esto salió segunda vez a los Judíos y les dijo: Yo ningún
delito hallo en este hombre”
(Juan XVIII,
33-38).
¿Cómo acogieron esta declaración los
enemigos de Jesús? Lanzaron
contra Jesús una, multitud de acusaciones, y como no
respondiera a nada, se encarnizaron más y más contra Él,
diciendo: “Tiene alborotado al pueblo con la doctrina que
va sembrando por toda la Judea, desde la Galilea donde comenzó
hasta aquí” (Luc.,
XXIII, 5).
¿A
qué medio recurrió Pilatos para desembarazarse de Jesús?
Oyendo hablar
Pilatos de Galilea y sabiendo que Jesús pertenecía a la
jurisdicción de Herodes, le remitió a este príncipe que con
ocasión de la Pascua se hallaba en Jerusalén. Como estaban
enemistados, era esto también un medio de reconciliación.
¿Cómo acogió Herodes a Jesús?
Herodes, al ver a Jesús, se alegró en extremo, porque hacía mucho
tiempo que deseaba verlo. Le hizo varias preguntas; pero Jesús
no le contestaba. No obstante, los príncipes de los
sacerdotes y los escribas persistían en sus acusaciones.
Entonces Herodes con su corte lo despreció; y habiéndole
hecho vestir una túnica blanca, se burló de Él y lo envió
de nuevo a Pilatos.
¿Qué hizo Pilatos cuando volvió Jesús?
Pilatos reunió
a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al
pueblo, y les dijo: “Vosotros
me habéis presentado este hombre como alborotador del pueblo,
y he aquí que habiéndolo yo interrogado en presencia
vuestra, no he hallado en Él ninguno de los delitos de que lo
acusáis. Pero ni tampoco Herodes; puesto que os remití a él,
y por el hecho se ve que no le juzgó digno de muerte. Por
tanto, después de castigado le dejaré libre” (Luc.,
XXIII, 13-16).
¿Satisfizo a los Judíos la criminal
debilidad de Pilatos? Al
contrario, esto hizo que con más instancia pidieran la muerte
de Jesús.
¿A qué expediente recurrió entonces
Pilatos para librar a Jesús?
El
gobernador tenía costumbre de conceder, por razón de la
fiesta, la libertad de un reo a elección del pueblo. Y
teniendo a la sazón en la cárcel a uno muy famoso llamado
Barrabás, preguntó Pilatos a los que habían concurrido:
“A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a
Jesús, que es llamado el Cristo” (Mat.,
XXVI, 15-17).
¿Qué respondió el pueblo a la pregunta
de Pilatos? El
pueblo, instigado con rabia infernal por los príncipes de los
sacerdotes y los ancianos, pidió a grandes voces que se le
entregase a Barrabás y que Jesús fuese crucificado. “¿Qué mal ha hecho? les dijo el presidente. Mas ellos
comenzaron a gritar más, diciendo: ¡Sea crucificado!” (Mat.,
XXVII, 23).
¿Qué a viso del cielo recibió Pilatos
en esos instantes? Estando
sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: “No
te mezcles en las cosas de este justo, porque son muchas las
congojas que hoy he padecido en sueños por su causa” (Mat.,
XXVII, 19).
¿Qué caso hizo Pilatos de este aviso? Ninguno. Viendo que cada vez crecía el tumulto, ordenó, aunque
proclamando la inocencia de Jesús, que fuese azotado. ^
La
flagelación y la coronación de espinas
¿Qué circunstancias agravaron este
suplicio de Jesús? Las
siguientes: 1ª la extrema sensibilidad de su carne virginal;
2ª el estado de agotamiento a que le habían reducido su agonía
y los malos tratos que había recibido desde su prendimiento;
3ª el rigor de la ley romana que no limitaba, como la judía,
el número de azotes que se podían dar al condenado.
¿Cómo se ejecutó el suplicio de la
flagelación? Los
encargados de ejecutarlo, después de haber desnudado a Jesús,
lo ataron a la columna que para este objeto se hallaba
levantada en uno de los ángulos del patio; y luego armándose
de azotes lo rodearon, y con rabia infernal lo acribillaron a
golpes. “Sobre
mis espaldas descargaron crudos golpes los pecadores: por
largo tiempo me hicieron sentir su injusticia o tiranía” (Salmo
CXXVIII, 3)
- “Desde la
planta del pie hasta la coronilla de la cabeza no hay en él
cosa sana, sino heridas, y cardenales, y llaga corrompida que
no ha sido curada, ni vendada, ni suavizada con bálsamo” (Isaías,
6).
¿Qué otro suplicio tuvo que padecer Jesús?
“Después
de la flagelación, los soldados del presidente, cogiendo a
Jesús y poniéndole en el pórtico del pretorio o palacio de Pilatos, juntaron
alrededor de Él la cohorte o compañía toda entera y desnudándole,
lo cubrieron con un manto de grana; entretejiendo después una
corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña
por cetro en su mano derecha. Con la rodilla hincada en
tierra, le escarnecían, diciendo: Dios te salve, rey de los Judíos; y escupiéndole, tomaban
la caña, y le herían en la cabeza” (Mat., XXVII, 27-30).^
Condenación
de Jesús
¿Qué hizo Pilatos para mover a compasión
a los Judíos? Sacó
a Jesús consigo afuera ensangrentado, destrozado, con la
corona de espinas en la cabeza, las manos atadas y el manto de
grana sobre las espaldas. Después de repetir por cuarta vez
que no hallaba en Él delito alguno les dijo:
“Ved aquí al hombre”
(Juan
XIX, 5).
¿Se compadecieron los Judíos a la vista
de Jesús? No:
luego que lo vieron, alzaron el grito, diciendo: “¡Crucifícale!
¡Crucifícale!” Díceles Pilatos: “Tomadle allá
vosotros y crucificadle, que yo no hallo en él crimen”
Respondiéronle los Judíos:
“Nosotros tenemos una ley, y según esta ley debe
morir, porque se ha hecho hijo de Dios” Al delito contra
el Estado que Pilatos no quiere admitir, sustituyen el delito
contra la religión.
¿Qué efecto produjeron en Pilatos las últimas
palabras de los Judíos?
Lo
llenaron de miedo, porque veía algo divino en el acusado, y
además, acordándose del aviso de su mujer, temía incurrir
en la venganza
de Dios.
¿Qué hizo entonces Pilatos?
Volviendo
a entrar en el pretorio, dijo a Jesús:
“¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le respondió
palabra. Por lo que Pilatos le dice: ¿A mí no me hablas?
Pues ¿no sabes que está en mi mano el crucificarte, y en mi
mano está el soltarte? Respondió Jesús: No tendrías poder
alguno sobre mí si no te fuera dado de arriba. Por tanto,
quien a ti me ha entregado es reo de pecado más
grave” (Juan
XIX, 9-11).
¿Por qué era Caifás más culpable que
Pilatos? Porque
Caifás cometía el pecado con malicia consumada, en tanto que
Pilatos era impulsado por el interés.
¿Cómo triunfaron los Judíos de las
dudas de Pilatos? Amenazándole
con denunciarle al emperador Tiberio:
“Si sueltas a ése no eres amigo del César; pues
que cualquiera que se hace rey, se declara contra el César”
(Juan XIX, 12).
Estas palabras cayeron como un rayo sobre Pilatos: se vio
denunciado a Tiberio, temió y fue vencido.
¿No trató aún de salvar a Jesús?
Al oír pronunciar el nombre del César, sacó a Jesús consigo afuera;
y sentándose en su tribunal, en el lugar dicho en griego Litóstrotos,
y en hebreo Gabbataa, Pilatos, cuya conciencia no
cesaba de protestar contra la injusticia, dijo a los Judíos:
“Aquí
tenéis a vuestro rey. Ellos empero gritaban: ¡Quita, quítale de en
medio, crucifícale! Díceles Pilatos: ¿A vuestro rey tengo
yo que crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos
rey, sino al César” (Juan
XIX, 13-15).
¿Cómo pronunció Pilatos la sentencia?
Viendo que nada adelantaba, antes bien
que cada vez crecía el tumulto, se lavó las manos delante
del pueblo, diciendo: “Inocente soy de la sangre de este
justo: allá os lo veáis vosotros” A lo cual respondiendo
todo el pueblo, dijo: “Recaiga
su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mat.,
XXVII, 24-25).
Entonces les soltó a Barrabás, y a Jesús lo entregó en sus
manos para que fuese Crucificado.
¿Qué crimen cometió Pilatos?
El de condenar a muerte a aquel cuya inocencia había proclamado, y esto
por no desagradar a los Judíos ni incurrir en la desgracia
del César.
¿Cómo qué Pilatos, sin saberlo, el oráculo
de Dios? Proclamando
la santidad y realeza de Jesús, desde su tribunal, en presencia
del Sanedrín y de una inmensa multitud de Judíos y
extranjeros de todas las naciones, en el día de la mayor
solemnidad del año.
¿Por qué han consignado los Apóstoles
en su Símbolo que Jesucristo padeció debajo del poder de
Poncio Pilatos? 1º porque han querido darnos a conocer
de modo seguro un acontecimiento de tanta grandeza y utilidad,
señalando de una manera muy precisa la época en que se
cumplió. 2º Porque con esas palabras, han querido probar el
cumplimiento de la profecía que de sí mismo hizo el
Salvador, diciendo: “Y le entregarán (al Hijo del
hombre) a los gentiles para que sea escarnecido, azotado y
crucificado” (Mat
XX, 19).
¿Qué crimen cometieron los Judíos?
El de renunciar, por boca de los pontífices, a la realeza espiritual
del Mesías, declarando que no querían otro rey más que al César.
Ellos mismos pronunciaron su maldición, al desear que la
sangre de Jesús cayese sobre ellos y sobre sus hijos. ^
Sube
Jesús al Calvario
¿Dónde convenía que fuese inmolado Jesús?
Convenía que lo fuese extramuros de Jerusalén, para demostrar que
era Redentor de todos los hombres, tanto de los Judíos como
de los Gentiles.
¿Cuál fue el lugar de la inmolación? El Calvario, montículo
árido llamado Gólgota, situado al noroeste extramuros de
la ciudad, lugar donde eran ejecutados los ajusticiados. El Gólgota
estaba unido con el monte Moria, donde fue conducido Abraham
para inmolar a su hijo Isaac.
¿Cuáles fueron los preparativos de la
salida? Luego
que Pilatos firmó la sentencia, despojaron a Jesús del manto
de púrpura y le pusieron sus vestidos. Trajeron tres cruces,
una para Jesús, la que probablemente estaba destinada para
Barrabás, y las otras dos para los criminales en medio de los
cuales debía ser crucificado. Luego se puso en marcha la
comitiva.
¿Cómo estaba organizado el cortejo?
Al frente, iban el centurión y los soldados romanos encargados de mantener el orden y de ejecutar a los
sentenciados; después, un heraldo que llevaba el rótulo en
donde estaba escrita la causa de la condenación; a continuación
los condenados cargados con su cruz; luego, los pontífices y
escribas que seguían a su víctima, cual tigres sedientos de
sangre, y por fin, una muchedumbre de pueblo compuesta de
curiosos, de personas compasivas y, en su mayor número, de
gente sobrexcitada contra Jesús por las calumnias de los
fariseos.
¿Pudo llevar Jesús la cruz hasta el
Calvario? Jesús,
falto de fuerzas a causa de los tormentos, cayó tres veces en
el camino del Calvario. Los Judíos, temiendo no pudiese
llegar hasta el fin, obligaron a un extranjero a llevar la
cruz detrás de Jesús. Dicho extranjero se llamaba Simón, y
era natural de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo (Marc.,
XV, 21), que después
fueron fervorosos cristianos de la primitiva Iglesia.
¿Por qué quiso Jesús ser ayudado por
Simón Cirineo? Para
enseñarnos que su cruz era también la de todos los hombres;
por lo que era menester que la llevase Él con los hombres y
que los hombres la llevasen con Él.
¿Cuántos encuentros tuvo Jesús en la vía
dolorosa? Tres:
dos de ellos se han conservado por tradición y el tercero lo
cuenta el Evangelio.
¿Cuáles son los encuentros conservados
por tradición? 1º
El de su Madre Santísima; 2º el de una piadosa mujer llamada
Verónica, que a pesar de la muchedumbre, se acercó
resueltamente a Jesús y le enjugó el rostro cubierto de
sangre y de salivas.
¿Cuál es el encuentro que nos refiere el
Evangelio? El
de las santas mujeres que lloraban y plañían. Vuelto Jesús
a ellas, les dijo: “Hijas
de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas
y por vuestros hijos” Después de haberles predicho los
males espantosos que iban a caer sobre Jerusalén, añadió:
“Si al árbol verde lo tratan así, ¿en el seco,
qué se hará?” (Luc.,
XXIII, 28, 31). Es
decir, si el inocente es torturado de esta manera, solamente
por haber tomado la semejanza de pecador, ¿cuál será el
pago de los pecadores que voluntariamente mueren en su pecado? ^
Jesús
es crucificado
¿Qué dieron a beber á Jesús
en
la cumbre del monte Calvario?
Vino
mirrado con hiel, brebaje narcótico que por compasión se
daba a los ajusticiados, para atenuar el dolor del suplicio.
¿Lo bebió Jesucristo?
Lo
probó, para gustar la amargura de la hiel, según la profecía
de David (Salmo
LXVIII, 22); pero no
quiso beberlo, para poder sentir mejor las torturas del
padecimiento.
¿Cómo se hizo la crucifixión?
Después de haber sido desnudado Jesús de sus vestidos, se acostó
amorosamente sobre la cruz, como Isaac sobre la hoguera. “Con
un bautismo de sangre tengo de ser yo bautizado: ¡oh, y cómo
traigo en prensa el corazón, mientras que no lo veo
cumplido!” (Luc., XII,
50). Enormes
clavos cosieron sus manos y sus pies al patíbulo de
ignominia, que fue luego levantado y metido en el agujero
preparado de antemano. Todo el peso del cuerpo cargaba sobre
las heridas de los pies y de las manos.
¿Qué afrenta añadieron a este suplicio?
La de poner a Jesús en medio de dos ladrones, como si fuera más
culpable que ellos.
¿Qué título hizo colocar Pilatos sobre
la cruz? Estas sencillas
palabras: “Jesús
nazareno, rey de los Judíos” escritas en hebreo, griego
y latín, para que todos pudieran leerlas. De esta suerte, al
indicar Pilatos la causa de condenación, proclamaba la
realeza de Jesús.
¿Qué reclamación le hicieron los pontífices
respecto a esas palabras?
Pidieron
a Pilatos que no escribiera que Jesús era rey de los Judíos,
sino que decía de sí mismo: “Yo
soy el rey de los Judíos” (Juan
XIX, 21).
¿Cómo recibió Pilatos tal reclamación?
Contestándoles con desdén:
"Lo escrito, escrito”
¿Qué significaba esta respuesta?
Dicha respuesta, dictada por el mal humor y por el deseo de humillar
a los pontífices, pero en la que se manifiesta la voluntad de
Dios, significaba: El que me habéis obligado a condenar a
muerte es vuestro Mesías; porque para el pueblo de Dios,
decir Rey de
los Judíos y Mesías era lo mismo.
¿Qué hay que notar durante la Pasión
respecto a la realeza de Jesucristo?
Que
en medio de las ignominias de la Pasión, la realeza de Jesús
estuvo siempre fija en la mente de sus perseguidores. Los pontífices,
Pilatos y los blasfemos del Calvario tuvieron siempre en la
boca, por designio providencial, las palabras Cristo rey,
Rey de los Judíos, Rey de Israel; Herodes, mandando
revestir a Jesús la túnica real, y los soldados del pretorio
tratándole de rey de farsa, proclamaron, a pesar de sus
burlas, la realeza
de Jesús sobre el mundo entero.
¿Qué fue de los vestidos de Jesús?
Los cuatro soldados que lo crucificaron tomaron sus vestidos e
hicieron de ellos cuatro partes, una para cada soldado: La túnica
inconsútil, que era de un solo tejido de arriba abajo, no la
quisieron dividir, sino que se dijeron entre sí:
“No la partamos,
mas echemos suertes para ver de quién será” (Juan
XIX, 24 y Salmo XXI, 18).
¿Qué hicieron los soldados después de
repartirse los vestidos de Jesús?
Sentáronse
a guardar a los crucificados, para impedir que se los llevasen
antes de morir, de lo que resultó una prueba más de la
muerte del Salvador.
¿Quedó satisfecho el odio de los Judíos
con haber crucificado a Jesús? Poco
satisfechos con su brutal triunfo, persiguieron a su víctima
hasta el último instante, prodigándole sarcasmos e injurias,
riéndose de su nombre, de su realeza, de sus palabras y de
sus milagros.
¿Quiénes blasfemaron de Jesús en el
Calvario? 1º
Los transeúntes, repitiendo la calumnia esparcida por los
fariseos: “Hola,
tú que derribas el templo de Dios y en tres días lo
reedificas, sálvate a ti mismo: si eres el Hijo de Dios,
desciende de la cruz” (Mat.,
XXVII, 40). 2º Los
príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos que
se decían entre sí: “A
otros ha salvado y no puede salvarse a
sí mismo: si es el rey de Israel que baje ahora de la cruz y
creeremos en él; pone su confianza
en Dios: pues si Dios le ama tanto, líbrele ahora, ya que él
mismo decía: Yo soy el Hijo de Díos” (Mat.,
XXVII, 42, 43). 3º Los soldados que, aludiendo a la
escritura colocada sobre la cabeza de Jesús, se burlaban de
Él diciendo: “Si
tú eres el rey de los Judíos, ponte en salvo” (Luc.,
XXIII, 37). 4º Uno
de los dos ladrones que estaba a su lado, el cual le decía:
“Si tú eres el Cristo, o Mesías, sálvate a ti
mismo y a nosotros” (Luc.,
XXIII, 39).
¿Quién inspiraba tales blasfemias?
Satanás. Admirado de semejante heroísmo, tentaba a Jesús por boca de
estos miserables, para saber si era en realidad el Hijo de
Dios. En otra ocasión le había dicho él mismo:
“Si eres el Hijo de Dios, tírate de aquí
abajo”. Ahora le dice por boca de sus ministros: “Si
tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz”.
¿Qué hacía Jesús en medio de tales
blasfemias? Oraba
y padecía en silencio. “Cuando le maldecían, no
retornaba maldiciones; cuando le atormentaban, no prorrumpía
en amenazas” (I Pedro
II, 23).
¿No había más que blasfemos en el
Calvario? Jesús
se hallaba rodeado también de buen número de personas
fieles, quienes, con su compasión, consolaban su vista y su
corazón. Se encontraban a poca distancia hombres que conocía,
y mujeres que le habían seguido de Galilea para servirle (Luc.,
XXIII, 49). Próximas
a la cruz estaban su Madre Santísima, María Cleofé, María
Magdalena, Juan, el discípulo amado, y su madre Salomé,
todos sumidos en la mayor desolación (Juan
XIX, 25).^
Las
siete palabras de Jesús en la cruz
¿Qué fue la cruz para Jesús?
Además de ser el altar de su inmolación, fue la cátedra
desde la cual continuó dándonos sus divinas enseñanzas.
¿Cuál fue la primera palabra de Jesús?
Una oración en favor de sus verdugos y
de los pecadores; “Padre mío, perdónales porque no
saben lo que hacen” (Luc.,
XXIII, 34). El
pecado es una mezcla de ignorancia y de malicia; pero el Salvador no condena más que la ignorancia, para aplacar la justicia
divina.
Salvador no condena más que la ignorancia, para aplacar la justicia
divina.
¿Cuál fue la segunda palabra de Nuestro
Señor? Palabra
de salvación para el buen ladrón. Uno de los dos malhechores
crucificados junto a Jesús, tocado por la gracia, reprendió
a su compañero por sus blasfemias, se acusó a sí mismo y
proclamó públicamente la inocencia y realeza del
Salvador: “Señor, le dijo, acuérdate de mí, cuando
hayas llegado a tu reino. Y Jesús le respondió: En verdad te
digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Luc.,
XXIII, 42, 43); es
decir, en el limbo de los justos, adonde el Salvador descendió
algunos momentos antes que el buen ladrón.
¿Cuál fue la tercera palabra?
Aquella por la cual hizo donación de su
Madre a los hombres: “Mujer, dijo Jesús a María, ahí
tienes a tu hijo. Después dijo a San Juan: Ahí tienes a tu
madre” (Juan XIX, 26,
27). Juan,
al pie de la cruz era ciertamente el representante de todos
los hombres, porque aún vivía su madre, Salomé, la cual
estaba presente en el Calvario con las demás santas mujeres.
¿Cuál fue la cuarta palabra de Jesús?
Un clamor angustioso hacia su Padre quien
como si no viese en Él sino un objeto de maldición, le había
abandonado en cuanto era posible: “Eli, Eli, lamma
sabactani!!; esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has desamparado?" (Mat.,
XXVII, 46). Jesús
experimentó en sí mismo el horror que causa el verse
abandonado de Dios, lo que le hizo padecer, durante las tres
horas que vivió crucificado, más que todo cuanto podemos
imaginar.
¿Por qué decían algunos:
“A Elías
llama éste. Dejad, veamos si viene Elías a liberarle” (Mat.,
XXVII, 47, 49)?
Porque,
ya fuese por ignorar la lengua siro-caldea, ya fuese por
burla, tomaron la palabra Eli por el nombre del profeta
Elías:
¿Cuál fue la quinta palabra? Aquella por la cual manifestó la sed que le devoraba: “Tengo
sed” (Juan XIX, 28)?
¿Qué sed era la que tenia Jesús?
1° La sed devoradora que experimentan los heridos cuando han perdido
mucha sangre; 2° el celo ardiente de la salvación de las
almas y la santa impaciencia de consumar por ellas el
sacrificio de su vida.
¿Qué dieron de beber a Jesús?
Vinagre, con el cual empaparon una
esponja rodeada de hisopo la que colocaron en el extremo de
una caña (Salmo
LXVIII, 22).
¿Cuál fue la sexta palabra de Nuestro Señor?
La
que anunció el fin de la redención: “Todo está
cumplido” (Juan
XIX, 30), es decir:
Las profecías se han verificado, el pecado ha sido reparado,
la tiranía del demonio abatida, y el hombre reconciliado con
Dios.
¿Cuál fue la séptima palabra? La que Jesús pronunció
al expirar: “Padre mío, en tus manos encomiendo mí espíritu”
(Luc.,
XXIII, 40). Éste
fue el último acto de amor hacia su Padre celestial, en quien
ponía toda su confianza. ^
Muerte
y sepultura
¿Cómo murió Jesucristo?
Después
de clamar con una voz muy grande: “Padre mío, en tus
manos encomiendo mi espíritu”, inclinada la cabeza
expiró. El Salvador quiso expirar dando un gran grito, para
darnos a conocer que siendo dueño absoluto de su vida, moría
libremente, dando a la muerte poder para llevar a cabo su obra
“Doy
mi vida de mi propia voluntad, y soy dueño de darla, y dueño
de recobrarla” (Juan
X, 18).
¿Qué otros prodigios ocurrieron en la
muerte del Salvador? Desde
la hora de sexta hasta la de nona (Luc.,
XXIII, 44), es
decir, desde la crucifixión de Jesús hasta su muerte, las
tinieblas cubrieron toda la tierra y el Sol se obscureció (San
Dionisio, miembro del Areópago de Atenas y futuro discípulo
de San Pablo, viajaba entonces por Egipto. Al ver este fenómeno,
exclamó; “O el dios de la naturaleza padece, o la máquina
del mundo perece”. En tiempo de Tertuliano, se leía todavía
en los archivos del imperio romano la mención de estas
tinieblas inexplicables).
Luego que Jesús
expiró, el velo del Templo se rasgó en dos partes de alto
abajo, la tierra tembló, se partieron las piedras, los
sepulcros se abrieron y algunos de los muertos resucitaron, y
se aparecieron a muchos en la ciudad santa. El centurión y
los que con él estaban guardando a Jesús se llenaron de gran
temor, y decían: “Verdaderamente este hombre era Hijo de
Dios” (Mat.,
XXVII, 54). Todos
los que habían sido testigos de este espectáculo bajaban del
Calvario dándose golpes de pecho.
¿Qué diligencia hicieron los Judíos
respecto a los cuerpos de los ajusticiados?
Para
que los cuerpos de los ajusticiados no quedasen en la cruz el
día siguiente, que era el Sábado más solemne del año, los
Judíos rogaron a Pilatos que ordenase les rompiesen las
piernas y los quitasen de la cruz antes de la puesta del sol.
¿Cómo ejecutaron los soldados la orden
de Pilatos? Cuando
llegaron al Calvario rompieron las piernas a los dos ladrones,
que aún respiraban; pero como Jesús había muerto ya, no se
las quebraron, sino que uno de los soldados con su lanza le
abrió el costado, del que salió sangre yagua.
¿Qué hay que notar en esto?
En
esta circunstancia, contraria a la costumbre, se ve el fiel
cumplimiento de la Escritura, que dice: “No le quebraréis
ningún hueso” (Éxodo
XII, 46) –
“Y pondrán sus ojos en mí, a quien traspasaron” (Zac.,
XII, 10).
¿Qué significaba la misteriosa herida
del corazón de Jesús? Significaba:
1° Que siendo ese corazón arca de salvación, necesitaba una
puerta como el arca de Noé; 2° que como Jesucristo era el
nuevo Adán, la Iglesia, su esposa, debía formarse de su
costado; 3° que siendo el sacratísimo corazón de Dios hecho
hombre el depósito de la gracia, de él debía salir el agua,
símbolo del bautismo, y la sangre, símbolo de la Eucaristía.
^
Sepultura
de Jesús
¿Qué hizo José de Arimatea, una vez que
la muerte de Jesús quedó comprobada?
Dejando
el Calvario, se fue lleno de atrevimiento a pedir a Pilatos el
cuerpo de Jesús.
¿Por qué esta diligencia?
Porque
debiendo los ajusticiados ser enterrados, según la costumbre,
junto con los instrumentos del suplicio en el lugar donde morían,
se necesitaba un permiso especial para que el cuerpo de Jesús
no fuese enterrado con los de los ladrones.
¿Quién era José de Arimatea?
Era
hombre rico y principal, justo y bueno. Aunque formaba parte
del Sanedrín, no había entrado para nada en la sentencia
contra Jesús, de quien era discípulo oculto.
¿Qué acogida le dispensó Pilatos? Pilatos le otorgó lo que pedía; pero extrañado de que Jesús hubiera
muerto ya, quiso asegurarse de ello antes de ordenar la
entrega del cuerpo, y mandó, al efecto, a preguntar al
centurión que estaba de servicio en el Calvario.
¿Cómo se verificó la sepultura de Jesús?
Al salir del palacio de Pilatos, José de Arimatea compró una sábana
blanca, y Nicodemus, su colega en el gran consejo, discípulo
también de Jesús, se proporcionó una confección de mirra y
aloe, cosa de cien liotas. Subieron al Calvario juntos y
bajaron de la cruz el cuerpo de Jesús. María Santísima que
estaba allí con Juan, Magdalena y otros fieles, recibió en
sus brazos el cuerpo de su difunto Hijo. Después lo ungieron
con las especies aromáticas, lo amortajaron con lienzos y
cubriéronle el rostro con un sudario.
¿Dónde colocaron el cuerpo de Jesús?
En un sepulcro nuevo de piedra que José de Arimatea había mandado
hacer para sí, y estaba en un huerto perteneciente al mismo
José, muy cerca del lugar en donde habían plantado la cruz.
¿Cómo cerraron el sepulcro?
Tapando
la entrada con una gran piedra.
¿Era definitiva aquella sepultura? Dicha sepultura era solamente provisional, pues pensaban, después de
haber guardado religiosamente el sábado que comenzaba
entonces, volver al día siguiente para embalsamar con más
cuidado el cuerpo del Señor. María Magdalena y María Cleofé,
después de haber observado cómo habían colocado el cuerpo,
volvieron a la ciudad para proveerse de perfumes y aromas con
el fin de ir al sepulcro muy temprano al otro día del sábado;
en compañía de otras santas mujeres.
¿Por qué quiso Jesús ser sepultado?
Para que no se pudiera negar su muerte y su resurrección fuese
más gloriosa.
¿Qué precauciones tomaron los enemigos
de Jesús relativamente a su sepultura? El
mismo Sábado, a pesar de la santidad del día, fueron a ver a
Pilatos los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, y le
rogaron que hiciera custodiar el sepulcro durante tres días
con el fin de que no hurtasen el cuerpo. Pilatos les respondió
que lo guardasen ellos mismos como quisieran; enseguida se
fueron al sepulcro y después de asegurarse de la presencia
del cuerpo, sellaron el sepulcro y pusieron guardas.
¿Se corrompió el cuerpo de Jesús en el
sepulcro? Jesucristo,
para manifestar su virtud divina y con el fin de que no se
atribuyese su muerte a enfermedad natural, preservó
enteramente su cuerpo de corrupción. “Mi carne descansará
con la esperanza. Porque yo sé que no has de abandonar tú mi
alma en el sepulcro: ni permitirás que tu Santo experimente
la corrupción” (Salmo
XV, 9, 10). ^
Reliquias
de la Pasión
¿Se conservan los objetos que sirvieron
para la pasión de Nuestro Señor?
La
mayor parte de esos objetos han sido conservados por la piedad
de los fieles, yen nuestro tiempo, se encuentran expuestos a
la veneración en diversas iglesias de la cristiandad.
¿Qué ha sido de la verdadera cruz? Gracias a los cuidados de Santa Elena, madre del emperador Constantino,
la cruz de Nuestro Señor fue hallada, en el año 326,
enterrada en la colina del Calvario. Milagros estupendos la
hicieron distinguir de las de los ladrones. Buena parte de
ella fue enviada al emperador Constantino, otra parte se dio a
la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, que había mandado
edificar en Roma Santa Elena, y la parte mayor se, guardó
para la iglesia que la misma santa hizo construir en el
Calvario. El año 614, la parte conservada en Jerusalén cayó
en poder de Cosroas, rey de los Persas; pero catorce años más
tarde, el emperador Heraclio la rescató y la llevó en
triunfo a Jerusalén. Ambos acontecimientos se conmemoran en
la Iglesia: uno con la fiesta de la Invención de la Santa
Cruz, el 3 de mayo, y el otro con la de la Exaltación, el 14
de Septiembre. Con el tiempo se han ido quitando una infinidad
de partículas de la verdadera cruz para distribuirlas por
toda la cristiandad. San Luis recibió una parte considerable,
y la depositó en la Santa Capilla: actualmente se conserva en
Nuestra Señora de París.
¿Qué ha sido de los clavos que
traspasaron los pies y manos de Jesús?
Los
clavos fueron hallados juntamente con la cruz y con la
inscripción en el monte Calvario. Uno de ellos se conserva en
Roma, en la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, y otro en
Nuestra Señora de París. Un fragmento adornaba la corona de
hierro de los reyes Lombardos, y otro está engastado en la clave de la bóveda
del coro de la catedral de Milán.
La catedral de
Tréveris posee un clavo al cual no le falta más que un
pedazo en la punta.
¿En dónde se conserva la inscripción
que Pilatos hizo colocar en lo alto de la cruz?
En
la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, en Roma. Aún se le
notan algunos de los caracteres de las diversas lenguas en que
fue escrita.
¿Dónde fue a parar la corona de espinas
después de la muerte de Jesucristo?
Puede
creerse que María Santísima conservó tan precioso tesoro y
que lo confió a San Juan o a algún otro discípulo del
Salvador. En el año 1239, el emperador de Constantinopla,
Balduino II, se la regaló a San Luis, que para recibirla mandó
edificar la Santa Capilla. Esta traslación se celebra
anualmente en París, el 11 de Agosto. La santa corona carece
de sus espinas y se encuentra, desde la Revolución, en
Nuestra Señora de París. Las espinas han sido distribuidas
entre diversas iglesias, donde son veneradas en nuestros días.
¿Qué
se ha hecho de la esponja?
Una
parte de ella está en la catedral de Venecia; otros pedazos
hay en Roma en las iglesias de Letrán, Santa María la Mayor,
San Marcos, San Silvestre y Santa María in Transtévere.
¿Cómo se ha conservado hasta nuestros días
el hierro de la lanza? La
santa lanza se conservó primero en la iglesia del Santo
Sepulcro, en Jerusalén; pero cuando la invasión de los
Sarracenos, fue enterrada secretamente en una de las iglesias
de Antioquía. Descubierta por los cruzados, fue llevada a
Jerusalén, y poco después, a Constantinopla. En 1492, el
sultán Bayaceto la envió al Papa Inocencio VIII, metida en
un rico estuche. En nuestros días, forma parte del tesoro de
la basílica de San Pedro. La punta de la lanza, que pertenecía
a San Luis, se perdió en tiempo de la Revolución.
¿Dónde está el lienzo con que fue
limpiado el rostro de Jesús?
En
el tesoro de la basílica vaticana.
¿Dónde se veneran los vestidos de Jesús?
La túnica inconsútil, que había ido creciendo al mismo tiempo que Jesús,
se encuentra en la iglesia de Tréveris, a la que fue legada
por Santa Elena. Otro vestido de Nuestro Señor hay en
Argenteuil, cerca de Paris.
¿Qué se ha hecho de los sudarios y
lienzos con que fue amortajado Jesús?
Las
iglesias de Turín, Besançón, Cadouin (Périgord), la
capilla del hospital de Carcasona, la catedral de Oviedo, en
España, se glorían de poseer tan preciosas reliquias.
Algunas iglesias de Roma guardan pedazos de dichas reliquias.
¿Dónde está la escalera del pretorio?
La escalera de ocho peldaños de mármol blanco que subió el Salvador
para ir al pretorio, fue transportada a Roma por orden de
Santa Elena y colocada en el edificio llamado Escala Santa,
cerca de San Juan de Letrán.
¿Dónde se halla la columna de la
flagelación? En
Roma, en la iglesia de Santa Práxedes. ^
Suerte
de los culpables
¿Cuál fue la suerte que corrieron los
que se hicieron culpables de la muerte de Nuestro Señor?
1º
Judas se ahorcó desesperado. 2° Pilatos, llamado a Roma por
haber maltratado a los samaritanos, fue destituido y
desterrado a Viena, en el Delfinado, en donde puso fin a sus días.
3° Herodes Antipas y su mujer Herodías fueron desterrados
por el emperador Calígula, primero a Lyón y luego a España,
donde murieron miserablemente. 4° Caifás, desposeído del
pontificado el año 37 por Vitelio, prefecto de Siria, se dio
la muerte, en un acceso de pesadumbre. 5° La nación judía
fue dispersada por Tito en el año 70 a consecuencia de la
toma de Jerusalén. ^
Naturaleza
de este misterio
¿Qué es el misterio de la Redención?
Es
el misterio de Jesucristo muerto en la cruz para salvar a
todos los hombres.
¿Por qué es un misterio esta verdad?
Porque no podemos comprender cómo un Hombre Dios se ha hecho víctima
por nosotros y ha ofrecido por nuestros pecados una reparación
absolutamente igual a la ofensa.
¿En qué consiste la Redención?
En el rescate del género humano por Jesucristo.
¿Cuál ha sido el objeto de elite
rescate? El libertarnos de la esclavitud a que nos había reducido el pecado.
¿Cómo se hace esclavo el hombre por el
pecado? El
hombre al pecar se hace: 1º deudor de Dios, cuya justicia
exige una expiación; 2º esclavo y propiedad de Satanás, que
lo ha conquistado para el mal. “Todo aquel que comete
pecado, es esclavo del pecado” (Juan
VIII, 34) -
“Yo soy vendido para ser esclavo del pecado, y por
consiguiente del maligno, esto es, de Satanás que Dios hace
ejecutor de su justicia” (Rom.,
VII, 14).
¿Es de fe que Jesucristo nos ha
rescatado? Sí:
porque dice el Apóstol San Pablo: “Él se dio a sí
mismo en rescate por todos” (I
Tim., II, 4).
¿Cuál es el precio de nuestro rescate?
La preciosísima sangre de Jesucristo. “Habéis
sido comprados a gran precio” (I
Cor., VI, 20) -
“No fuisteis rescatados con oro o plata, que son
cosas perecederas; sino con la sangre preciosa de Cristo como
de un cordero inmaculado y sin tacha” (I
Pedro I, 18, 19). ^
Necesidad
de la Redención
¿Era absolutamente necesaria la Redención?
No:
la gracia de Dios bastaba para perdonar los pecados; pero
queriendo Dios que Su justicia quedase plenamente satisfecha
determinó que esta satisfacción la ofreciese un Hombre Dios.
¿Por qué una pura criatura no podía
ofrecer esta satisfacción?
Por
dos razones, según enseña Santo Tomás: 1ª El pecado había
corrompido la naturaleza humana entera de modo que el bien de
una sola persona, y aun el de varias, no podía compensar
equivalentemente el perjuicio sufrido por todas. 2ª El pecado
cometido contra Dios es, en algún modo, infinito, a
causa de la infinidad de la majestad divina: porque la ofensa es tanto más
grave cuanto más elevado esté aquel contra quien se comete.
¿Qué se necesitaba para la condignidad
de la satisfacción? Era
menester para la condignidad de la satisfacción, que el acto
del que la ofreciese tuviera una eficacia infinita; lo que ha
realizado en la satisfacción del Hombre Dios, es decir de
Jesucristo.
¿Cómo nos ha rescatado Jesucristo?
Padeciendo por nosotros como hombre, y dando como Dios precio infinito a
sus padecimientos.
Jesucristo,
como Hijo del hombre, podía padecer por los pecados del
hombre; y como Hijo de Dios, podía ofrecer a su Padre una
satisfacción plena y entera, conforme al estricto rigor de
su justicia. ^
Cualidades
de la satisfacción de Jesucristo
¿Qué cualidades tiene la satisfacción
de Jesucristo? La
satisfacción de Jesucristo es voluntaria, equivalente, superabundante
y universal.
¿Cómo es voluntaria esa satisfacción?
Porque se ofreció Jesucristo
voluntariamente (Isaías
LIII, 7) y dio su
vida de sí
mismo (Juan X, 18).
¿Por qué es equivalente esa satisfacción?
Porque los padecimientos y la muerte de Jesús, en virtud de la unión
hipostática, eran los padecimientos y muerte del Hijo de
Dios, y por tanto, constituían una reparación igual a la
ofensa.
¿Cómo es superabundante esa satisfacción?
Porque habiendo podido satisfacer
Jesucristo con una sola gola de su sangre: con sus lágrimas,
una oración, pues que la menor de sus acciones era
infinitamente grata a Dios, ha querido padecer todo cuanto es
posible y de todos los modos. “En su mano tiene una
redención abundantísima” (Salmo
CXXIX, 7) – “Cuanto
más ha abundado el pecado, tanto más ha sobreabundado la
gracia” (Rom., V, 20).
¿Por que quiso satisfacer Jesucristo
superabundantemente? Para
demostrarnos el exceso de su amor y merecernos la gracia de
santificar nuestros propios dolores y nuestra muerte. “Lo
que bastó a la justicia, dice San Juan Crisóstomo, no bastó
al amor”
¿Quiénes hicieron padecer a Jesús?
Toda suerte de personas: los Judíos, los Gentiles, los príncipes de
los sacerdotes, los doctores de la ley, los grandes del
pueblo, sus amigos y sus discípulos, uno de los cuales le
hizo traición, otro le negó y todos le abandonaron.
¿En qué padeció Jesucristo?
Padeció:
1° En todos sus bienes: en su reputación, manchada por la
calumnia; en su honor, blanco de las risas y de los ultrajes;
en la libertad física siendo entregado al poder de las tinieblas (Luc., XXII, 53);
en los únicos
bienes que poseía, los vestidos, apropiándoselos los
soldados. 2° En todas las partes del cuerpo: en la frente,
con la corona de espinas; en el rostro, con las salivas y
bofetadas; en las manos y pies, con los clavos; en todo el
cuerpo, por la flagelación que hizo de Él una llaga de pies
a cabeza. 3° En su alma: tristezas mortales y sobre todo el
desamparo en que lo dejó Dios en la cruz. Padeció Jesús
hasta con los dolores de su Santísima Madre, a quien la
Iglesia aplica las palabras de Jeremías: “¡Oh vosotros,
cuantos pasáis por este camino atended y mirad si hay dolor
como el dolor mío” (Lament.,
I, 12).
¿Por qué esta universalidad de
padecimientos? Jesús
lo padeció todo, porque como era víctima por los pecados del
mundo, debía expiarlos todos. “A él solo le ha cargado
el Señor sobre las espaldas la iniquidad de todos nosotros”
(Isaías LIII, 5).
¿Fueron muy intensos los padecimientos de
Jesús? Fueron
muy vivos, a causa de la extrema delicadeza de sus óiganos,
de la sensibilidad de su corazón y del conocimiento tan
perfecto que tenía de las causas que sobre Él atraían tal
diluvio de males.
¿Cómo padeció Jesucristo?
Sin
murmurar ni quejarse, antes bien más gozoso de padecer por
los hombres de lo que lo fueron más tarde sus Apóstoles, de
los que se dice “que estaban alegres, porque habían sido
hallados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús” (Hechos
V, 41).
¿Por qué quiso Jesús padecer tanto?
1º Para darnos a conocer el horror infinito que le causa el pecado; 2° Para inspirarnos a nosotros ese
horror; 3° Para alentamos con su ejemplo a padecer, con el
fin de expiar nuestros pecados y los ajenos.
¿Cómo ha sido universal la satisfacción
de Jesucristo? 1º
Porque “Jesucristo
ha muerto por todos” (II
Cor., V, 15). “Tú has
sido entregado a la muerte, y con tu sangre nos has rescatado
para Dios de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones” (Apoc.,
V, 9). 2º Porque ha
satisfecho por los pecados de todos. “Él mismo es la víctima
de propiciación por nuestros pecados y por los de todo el
mundo” (Juan II, 3).
^
Virtud
del sacrificio del Calvario
¿Dónde se llevó a cabo nuestra redención?
En el sacrificio sangriento del Calvario.
¿Es más excelente el sacrificio del
Calvario que los de la antigua ley?
El
sacrificio del Calvario supera a los de la antigua ley:
1º Por el
sacrificador. En la antigua ley, el sacrificador era un hombre
mortal y pecador; en el Calvario, es eterno y el Santo de los
santos. “Poned
los ojos en Jesús
apóstol y pontífice de nuestra profesión...... él posee eternamente el sacerdocio... A
la verdad tal como éste nos convenía que fuese nuestro pontífice,
santo, inocente, inmaculado, segregado de los pecadores y
sublimado sobre los cielos” (Hebr.,
III, 1 y VII, 24, 26). 2°
Por la víctima. En la ley antigua eran animales; en el
Calvario, fue el Hombre Dios. “Jesucristo, por impulso
del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo inmaculado a
Dios” (Hebr.,
IX, 14). 3° Por los
que intervinieron en él. En la antigua ley, eran los levitas;
en el Calvario, fue la Santísima Virgen, quien uniendo sus
padecimientos a los de su Hijo, mereció en algún modo el título
de corredentora. ^
Méritos
de Jesucristo
¿Para quién mereció Jesucristo en su
Pasión? Mereció
para su propia humanidad y para nosotros.
¿Qué mereció para sí?
1º Con su muerte mereció la resurrección y la ascensión al
cielo. 2º Por sus humillaciones y oprobios mereció el ser
exaltado y glorificado y tener “un nombre sobre todo
nombre” (Filip.,
II, 9). 3º Por el
juicio injusto de que fue objeto por parte del mundo, mereció
el poder judicial, en virtud del cual juzgará a todo el género humano (Juan
V, 22).
¿Qué mereció Jesucristo para nosotros?
1° Nos libertó del pecado. “Nos amó
y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc.,
I, 5).
2º
Nos rescató del poder del demonio. “Ahora el príncipe
de este mundo va a ser lanzado fuera” (Juan
XII, 31). 3º
Nos libró de la muerte eterna. “El estipendio y paga del
pecado es la muerte; empero la vida eterna es una gracia de
Dios por Jesucristo nuestro Señor” (Rom.,
VI, 23). 4º Nos
reconcilió con Dios su Padre. “Fuimos reconciliados con
Dios por la muerte de su Hijo” (Rom.,
V, 10). 5°
Nos devolvió los derechos a la herencia celestial. “Tenemos
la firme esperanza de entrar en el Sancta Sanctorum o
santuario del cielo por la sangre de Cristo” (Heb.,
X, 19). ^
Aplicación
de los frutos de la Redención
¿A quiénes se aplican los frutos de la
Redención? A
aquellos y solamente a aquellos que quieren participar de
ellos, porque no conviene a Dios el salvarnos sin nosotros o a
pesar nuestro. La Pasión es una medicina infalible, pero que
es menester tomar voluntariamente para curar. Es un tesoro
infinito de méritos, pero del cual es menester tomar
voluntariamente, para tener parte en él. “Dios que te
creó sin ti, dice San Agustín, no te salvará sin ti”.
¿Nos dispensa la satisfacción infinita
de Jesús de satisfacer por nuestros pecados?
No:
debemos hacer penitencia; pero nuestra penitencia, estéril
por si misma, unida por la fe a la satisfacción del Salvador,
participa de su eficacia expiatoria y
borra delante de Dios la deuda que hemos contraído.
¿Los méritos de Jesucristo nos dispensan
de ganar otros nosotros mismos?
No:
debemos trabajar para merecer el cielo por nuestras buenas
obras, que si por sí mismas no tienen ningún valor
sobrenatural, por los méritos de Jesucristo se hacen dignas
de recompensa eterna
¿Qué significan las palabras, de San
Pablo: “Cumplo en
mi carne lo que resta que padecer a Cristo en pro de su cuerpo
místico que es la Iglesia” (Col.,
I, 24)?
Significan
que la Pasión de Jesucristo, considerada en sí misma, sea
imperfecta en algo, porque ella ha realizado perfectamente la
obra de la reconciliación; sino que, mirándola con relación
a nosotros, pide como suplemento nuestra penitencia personal.
En otros términos, Jesucristo tiene aún algo que padecer
para el perfecto desarrollo de su cuerpo místico, que es la
Iglesia; pero no 'debe padecer en su persona, sino en la de
sus miembros.
¿Qué le sucede al que no se aplica los
frutos de la Redención?
Que
hace inútil para sí la cruz de Cristo (I
Cor., I, 17). Por
consiguiente, se hace esclavo de Satanás, deudor a la
justicia divina, y pierde para siempre la patria celestial que
le ha reconquistado el Salvador. “Si alguno quiere venir en pos de mí, renúnciese
a sí mismo, lleve su cruz cada día y sígame” (Luc.,
IX, 23) – “Es una verdad incontrastable:
que si morimos con él, también con él viviremos: si con él
padecemos, reinaremos también con él” (II
Tim., II, 11, 12). “Si
quieres reinar conmigo lleva la cruz conmigo. Porque solo los siervos
de la cruz hallan el camino de la bienaventuranza
y de la luz verdadera” (Imit.,
de Cristo, Lib. III, Cap. LVI, 2). ^
RESUMEN
Preludios de la Pasión.- La resurrección de Lázaro puso el
colmo al furor de los fariseos, los cuales resolvieron dar
muerte a Jesús después de la fiesta de Pascua. La oferta
sacrílega de Judas adelantó la ejecución de sus designios.
Cinco días antes de Pascua, Jesús, verdadero rey de Israel,
entró triunfante en Jerusalén en medio de las aclamaciones del pueblo. El jueves por la
mañana, envió a Jerusalén a Pedro y a Juan para preparar la
Pascua, que celebró con sus Apóstoles según el rito
tradicional. Durante la cena, les dio lección de humildad y caridad, y agotó todas
sus ternuras
para ver si lograba salvar a Judas. Al fin de la cena instituyó
Jesucristo la adorable Eucaristía y dio a sus Apóstoles el
poder de celebrar los divinos misterios. Después les habló
de los acontecimientos que iban a cumplirse, de las maravillas
de la vida cristiana, de las persecuciones que tendrían que
padecer, de la asistencia que recibirían del Espíritu Santo,
de su victoria sobre el mundo y de su gloria, que serían la
recompensa de sus trabajos.
La Pasión.- Llegado Jesús al
huerto de Getsemaní, se apartó de sus discípulos a una
cueva para orar. El dolor que le causó la previsión de sus
dolores, y sobre todo la vista de todas las iniquidades
humanas, de que voluntariamente se había cargado, le hizo
caer en agonía tan violenta que sudó sangre por todo su
cuerpo hasta correr por tierra. Jesús, a pesar de todo, se
entregó enteramente a la voluntad de su Padre. Poco después,
se vio rodeado el Salvador por gente armada que venía
capitaneada por el traidor Judas, a la que se entregó por sí
mismo, después de manifestarles que tenía poder absoluto
sobre los hombres y sobre los acontecimientos. Entonces todos
sus Apóstoles huyeron, excepto Pedro y Juan, que le siguieron
de lejos. Fue conducido Jesús primero a casa de Anás, suegro
de Caifás y antiguo sumo pontífice. Durante el
interrogatorio, un criado lo ultrajó brutalmente, mientras
que en el patio le negaba Pedro por primera vez. Jesús
compareció enseguida ante el Sanedrín, donde testigos
sobornados depusieron contra Él. Jesús guardó
silencio en medio de las acciones falsas; no habló sino para
confesar su divinidad y por respeto a la autoridad legítima
del sumo pontífice. Su afirmación fue, con todo, calificada
de blasfemia digna de muerte. Mientras tanto, Pedro reiteraba
sus negaciones; mas habiéndolo mirado Jesús, el Apóstol se
convirtió y lloró amargamente. Después de ser condenado a
muerte, Jesús fue entregado a los brutales soldados hasta el
amanecer. Al día siguiente, fue presentado de nuevo ante el
Sanedrín, el cual, para obtener la confirmación y ejecución
inmediata de la sentencia, condujo al Salvador al tribunal del
procurador romano. Judas, mientras tanto, viendo las tristes
consecuencias de su crimen, fue al Templo y confesó la
inocencia de su maestro, y después de arrojar a los pies de
los pontífices deicidas el precio de su traición, lleno de
desesperación fuése y se ahorcó. Habiendo al principio
rehusado Pilatos entender en asuntos religiosos, los
acusadores de Jesús presentaron a éste como enemigo de los
Romanos; pero a pesar de todo, no pudo el procurador encontrar
en Él materia de condenación; por esto lo envió a Herodes
para no tener que decidir él la suerte del Justo. Herodes,
contrariado con el silencio de Jesús, lo trató como loco y
lo volvió a Pilatos. Los enemigos de Jesús pidieron a
grandes voces su condenación. Pilatos, intimidado, buscó
expedientes para librarlo; propuso al pueblo que escogiera
entre Jesús y Barrabás, y éste fue el libertado. Enseguida
mandó Pilatos azotar a Jesús, esperando que el pueblo se
contentaría con este castigo. El Salvador soportó con
resignación divina suplicio tan atroz, juntamente con la
coronación de espinas y los insultos sacrílegos de los
soldados, desencadenados contra Él. Pilatos lo presentó
entonces al pueblo; pero como los clamores iban aumentando,
fue vencido Pilatos y entregó a Jesús al furor de sus
enemigos, después de proclamar su inocencia. Cargado con la
cruz, salió Jesús de Jerusalén, y subió al Gólgota. En
esta vía dolorosa, el Salvador olvidó sus propios
padecimientos para consolar e instruir a los que de Él se
condolían. Llegado al Calvario, fue crucificado entre
dos ladrones, Mientras Nuestro Señor padecía en la cruz tuvo
que soportar las blasfemias de los transeúntes, de los príncipes
de los sacerdotes, de los soldados y del mal ladrón.
Algunos fieles consolaban el corazón de Jesús: entre ellos
estaban su Madre Santísima, María Cleofé, la Magdalena,
Juan el discípulo amado, y la madre de éste, Salomé. Desde
lo alto de la cruz Jesús elevó al cielo una oración por sus
verdugos, pronuncio una palabra de salvación en favor del
ladrón convertido, dio a los hombres por madre a María, en
la persona de San Juan; luego lanzó un angustioso grito hacia
Dios, dio a conocer la sed ardiente que lo devoraba, y después
de anunciar que todo estaba consumado, entregó su alma en las
manos de su Padre.
La muerte y la sepultura.- Jesús
expiró dando un grande grito, para demostrar que moría
libremente. Prodigios estupendos proclamaron entonces su
divinidad. Poco después, los soldados quebraron las piernas a
los dos ladrones para apresurar su muerte y poder quitar los
cuerpos antes que comenzase el Sábado. Al cuerpo del Salvador
lo respetaron; pero su corazón fue atravesado con una lanza,
y de él salió sangre y agua: así se cumplieron las últimas
profecías. Después lo depositaron en un sepulcro nuevo,
cerrando la entrada con una gran piedra. Los Judíos sellaron
el sepulcro y pusieron guardas.
Reliquias de la Pasión.- Los
objetos que sirvieron en la pasión del Salvador se
conservan casi todos hasta hoy y se veneran en diversas
iglesias de la cristiandad.
Suerte de los culpables.-
Judas, Pilatos, Herodes, y Caifás, que tomaron
parte en la muerte de Nuestro Señor, perecieron
miserablemente. La ciudad deicida quedó arrasada el año 70,
por los soldados de Tito, y la nación judía fue excluida de
la alianza divina y dispersa para siempre.
Naturaleza del misterio de la Redención.- Es el misterio de un
Hombre Dios muerto en la cruz para salvar al género humano
perdido por la desobediencia
de Adán.
Necesidad de la Redención.- Queriendo
Dios que su justicia fuese completamente satisfecha,
determinó que esa satisfacción la ofreciese un Hombre Dios.
Una pura criatura no podía reunir las condiciones precisas
para esta satisfacción. Solamente Jesucristo podía hacerlo.
Cualidades de la satisfacción de
Jesucristo.- La satisfacción de Jesús ha sido
voluntaria, porque se ha ofrecido libremente; equivalente, porque
la reparación ha igualado la ofensa; superabundante, porque
Jesucristo, que podía haberla llevado a cabo por una sola de
sus acciones, ha querido padecer voluntariamente todo cuanto
era posible. Para darnos pruebas de su amor, Jesús padeció
sin murmurar ni quejarse, de parte de los Judíos, de los
Gentiles, de los grandes, del pueblo, de sus amigos y de sus
discípulos; en su reputación, en su honor, en su libertad física
en cada una de las partes de su cuerpo y en su alma. La
intensidad de sus dolores fue extrema a causa de la delicadeza
de sus órganos, de la sensibilidad de su corazón y de la
perfección de su inteligencia. La satisfacción de Jesucristo
ha sido universal, porque ha padecido por todos los
pecados, y ha muerto por todos los hombres.
Virtud del sacrificio del Calvario.-
El sacrificio de la cruz, consumado en el Calvario, es
incomparablemente más perfecto que todos los sacrificios
figurativos, a causa del sacrificador, de la víctima, del
lugar del sacrificio y de los que tomaron parte en él. Tiene
doble valor: de satisfacción y de mérito infinitos. Por su
inmolación, ha merecido Jesucristo para sí y para nosotros.
Para sí ha merecido su triunfo glorioso como hombre. A
nosotros nos ha merecido el libertarnos del pecado,
rescatarnos del poder del demonio, reconciliarnos con Dios y
darnos derecho a la herencia celestial. La satisfacción y los
méritos de Nuestro Señor no nos dispensan de ningún modo de
satisfacer por nuestros pecados y merecer personalmente el
cielo. Debemos, pues, participar de los frutos de la Redención
uniendo nuestros padecimientos y nuestras acciones a los del
Salvador.
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